“La livertá”, la búsqueda incansable de Osvaldo Bayer

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La cruz rústica que Osvaldo Bayer encontró en 1973 en una tumba masiva de Puerto Deseado recordaba: “A los caídos por la livertá”. Esa frase escrita por algún peón anónimo que intentó que los muertos de “La Patagonia Rebelde” no sean olvidados, es el disparador del documental que realizó Gustavo Gzain sobre la vida del periodista, historiador y luchador por los Derechos Humanos, Osvaldo Bayer. El director abre una puerta a la intimidad del viejo Bayer, lo que hace valorar más la vida de quien se enfrentó al exilio, a los intelectuales que callaron, y a la historia oficial.

Por Carlos Sanabria @hayquearar


 

Al fin y al cabo, entre Julio Argentino Roca y Osvaldo Bayer hay similitudes. Al primero se le viene advirtiendo en los últimos años que su monumento está al caer, que el pedestal en que se encuentra solo será defendido por los poderosos de siempre, o por aquellos conservadores que no se animen a indagar en el extenso material historiográfico sobre el legado de Don Julio. El largometraje de Gzain “humaniza” a Bayer, lo saca de otro tipo de pedestal en el que muchos lo hemos subido al naturalizar su lucha, al dejar de sorprendernos con su actividad incansable, al dejar de ver la mano que Bayer le ha tendido a varias generaciones que tienen ganas de cambiar la historia.

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Al escuchar a Bayer releer los poemas que le escribía a su compañera Marlies 60 años atrás, al verlo compartir un “buen champagne” con Roberto “Tito” Cossa, o simplemente barriendo la escalera de su casa en Alemania, la película permite tomar dimensión real de esta persona que no ha cesado de reivindicar las luchas de los perseguidos y de sacar del anonimato a las más grandes injusticias. Si, Bayer es una persona simple que eligió un camino para su vida, el más difícil, el que costó irse al exilio amenazado, el que le ha acumulado detractores, el que lo llevó a la cárcel (“esa etapa obligatoria”) en 1963 por querer cambiar el nombre de la ciudad de Rauch.

En pos de la defensa de “Dios, Patria y Hogar”, los valores de la sociedad occidental que “defendió” la última dictadura militar,  en 1975 Bayer se tuvo que ir al exilio. Antes de partir, un brigadier le advirtió: “usted nunca más va a pisar el suelo de la patria”. Vaya si se equivocó. No solo por su actividad constante contra la dictadura en Europa hasta principios en los ’80 (y por sus planes de regreso). La obra de Bayer sirve para repensar una y otra vez la democracia en que vivimos. Es un manual que ayuda a no naturalizar, que advierte sobre los peligros de mirar hacia otro lado, que repite una y otra vez que la historia se construye. Si lo sabrá la figura de Julio Argentino Roca… “Te vamos a tirar para abajo” le advierte Osvaldo, y las 36 ciudades que decidieron quitar el nombre de Don Julio de sus calles reafirman sus dichos.

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“Mientras haya fuerza voy a seguir” afirma Osvaldo, y es una palmada en el hombro para seguir peleando por la dignidad. Nos tranquiliza cuando vuelve a repetir que “la ética finalmente triunfa”. Acá está la mayor virtud del trabajo de Gustavo Gzain, que el espectador pueda sentir esa cercanía con una generación que soñó que otro mundo era posible. El homenaje que Osvaldo realiza a sus compañeros Rodolfo Walsh, Haroldo Conti y Francisco “Paco” Urondo dentro de su propio homenaje, es como el sonido de un despertador. A levantarse y seguir buscando la libertad.


La Livertá se puede ver en el cine Gaumont (Av. Rivadavia 1637, Cap. Fed.) a las 13 y a las 22.30. Este es el Trailer

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