Pueblos Originarios

“La masacre de La Bomba estuvo dentro de la lógica del genocidio de los pueblos originarios en Argentina”

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Valeria Mapelman, documentalista y directora de “Mbya, tierra en rojo” y “Octubre Pilagá”, visitó los estudios de FM La Colectiva para recorrer un capítulo más de nuestra historia oculta: La masacre en 1947 del pueblo Pilagá, en La Bomba, Formosa. El rol del Estado peronista en los asesinatos y fusilamientos, el funcionamiento de las Reducciones Indígenas, y el silencio que se mantuvo a 60 años de la tragedia, conforman esta investigación que muestra una comunidad que, lejos de olvidar, sigue reclamando memoria y justicia.


_ ¿Qué importancia tiene recuperar hoy en día el documental Octubre Pilagá?

_ Actualmente se sigue pasando en algunos lugares porque no es un tema cerrado; de hecho, es uno de los casos más violentos y que más se ha extendido en el tiempo y en el territorio, un genocidio muy grande en el cual todavía hay víctimas vivas. El que viaje para Huntas, el que vaya para La Bomba, para las comunidades de km 14, km 30, El Descanso, pueden ir a charlar con la gente que sobrevivió a esta masacre. Están ahí, por eso todavía no está cerrado. Además, hay una causa judicial cajoneada. No solo a este gobierno no le interesa sacar a la luz lo que pasó, sino que es parte de una política de Estado. A los jueces no les interesa sentar un precedente que va a abrir puertas a otras causas similares, a otros reclamos, como el de Napalpi en 1924. En Rosario hay sobrevivientes de un hecho similar que ocurrió en 1920, y así hay un montón más. El Chaco es una región en donde la historia se borró completamente para inventar otra de triunfos, éxitos y conquistas, de militares avanzando por territorios inhabitados. Con la excusa de abrir rutas para comunicarse con los ríos y sacar todo lo que producía la industria azucarera, el quebracho, etc., entraron a sangre y fuego a lo que alguna vez fue el Impenetrable, también a Formosa.

_ Pensando en aquellos que no conocen el hecho o no vieron el documental, ¿Cómo describirías esta masacre ocurrida en 1947 durante el primer gobierno peronista?

_ En octubre de ese año se habían reunido en La Bomba -un paraje cercano al pueblo de las Lomitas, en Formosa- miles de personas Pilagá y Qom en torno a un sanador, Luciano Córdoba (este es su nombre en castellano) para curarse y sanar enfermedades a los chicos y ancianos. Dado que había muchas familias en el lugar y que la reunión duró mucho tiempo, a la Gendarmería y al Estado le empezó a llamar la atención. De hecho, intervinieron en la represión el Ministerio de Guerra y el Ministerio del Interior. El 10 de octubre se producen los primeros fusilamientos en La Bomba y la gente empieza a huir en distintas direcciones para salvarse. Muchos recorrieron 100 km al norte a pie, sin comida, a lo largo de 20 días por lo menos. A fin de mes la represión continuó y fueron capturando a diferentes grupos, se dieron nuevos fusilamientos y se utilizó la violación como arma contra las mujeres. Hubo muchos niños y ancianos que murieron porque no tuvieron atención médica para las heridas, los primeros en morir fueron los chicos porque no había comida y no había agua. Hay desaparecidos en la masacre de La Bomba, muchos cadáveres no se encontraron porque los que huían no podían enterrar ni encargarse de sus muertos. Al final del mes, cuando se captura a todos los grupos que estaban huyendo, se los llevan a las colonias indígenas, que en esa época se llamaban Reducciones Indígenas.

_ ¿Quién administraba esas reducciones?

_ El Estado. Durante la época del primer peronismo, desde el año 43, las colonias o reducciones estaban a cargo de la Secretaría de Trabajo, que durante un tiempo tenía la Comisión Honoraria de Reducciones de Indios y que para 1946 ya se llamaba Dirección de Protección del Aborigen. Las colonias dependían de ese organismo. El Estado peronista administraba estas colonias donde habían miles de personas. En 1937 ya hay un informe que deja sentado que en las colonias de Formosa hay 5.700 personas dentro de las reducciones. Estas estaban siempre bajo vigilancia policial, y quienes vivían en ella eran llevados desde los ingenios azucareros y los obrajes hasta las reducciones. Durante el primer peronismo ese sistema estaba en funcionamiento y los cautivos de La Bomba fueron a parar a esos lugares, documentados como trabajadores y no como prisioneros de un malón, como se había dicho. Vale aclarar que se inventó un mecanismo donde las comunidades fueron acusadas de haber atacado al regimiento de Gendarmería Nacional, porque la represión se justifica de esa manera.

_ ¿Cómo y para qué funcionaban esas reducciones?

_ Para comprender la existencia de las reducciones hay que volver al año 1884, cuando Roca manda al General Benjamín Victorica a terminar con el problema indígena, a avanzar sobre el territorio del gran Chaco con tropas militares. A partir de allí se logra controlar la enorme resistencia de los pueblos, sobre todo en el Impenetrable. La masacre de La Bomba demuestra que ese control se extendió hasta el año 47, porque a la gente que estaba allí en octubre de ese año le estaba ocurriendo algo especial, se vivía un momento donde la religión se mezclaba con lo político, se generó una gran reunión que era inaceptable para el Estado Nacional. A esas personas se las quiso disciplinar militarmente. A la Gendarmería Nacional se le envía un avión que parte de Buenos Aires con una ametralladora para sobrevolar la zona. Estos mecanismos represivos tenían como objetivo controlar a esta gente para luego disciplinarlos laboralmente en las grandes industrias con las que el Estado estaba en connivencia. Asimismo, la retención dentro de las reducciones de la población permitía una apertura de territorio para la compra de tierras fiscales por parte del Estado. A la vez que existía este vaciamiento del territorio, se producía una sobrepoblación de las colonias indígenas en donde se reservaba la mano de obra.

_ En el documental se muestra el rol de los medios de comunicación estatales en la Masacre. Primero, agitando la figura de la “inseguridad” a partir de la reunión de las comunidades aborígenes, y segundo, una vez plasmados los asesinatos y fusilamientos, la idea de la rebelión, dando cuenta de un supuesto malón o una sublevación indígena ¿Cómo se entiende hoy esta construcción mediática? ¿Había un sentido común en esa época que permitía pensar que un malón indígena era posible?

_  El 12 de octubre, dos días después de ocurrir la masacre, Perón da un discurso en conmemoración por el natalicio de Cervantes y alaba el valor de los conquistadores españoles que  llegaron a América. Había una cuestión hispanófila muy fuerte, donde era posible visualizar a los conquistadores y a la conquista misma como algo positivo. En el momento en que los diarios publican afiches en conmemoración al “Día de la raza”, aparece ese mismo 12 de octubre en la sección de policiales el caso de la Bomba, dando cuenta de un supuesto malón. Hoy sería un absurdo, pero en esa época era posible. Eso se implanta desde la Secretaría de Informaciones que manejaba Raúl Apold, un tipo muy poderoso que controlaba todos los cables de prensa. Los diarios de la época reprodujeron la bajada de línea de la Secretaría de Informaciones, no tenían corresponsales en Formosa. El día 11, después de ocurrida la represión, empiezan a aparecer noticias sobre un malón en Lomitas, que entre el 12 y el 14 es sofocado. Primero dicen que hubo muertos, después se desdicen, y a partir de ahí hay un silencio total. No hay investigación, los gendarmes que participaron fueron condecorados y después no se dijo más nada.

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_ A pesar de este silencio, las comunidades aborígenes que sufrieron la masacre han mantenido esta historia oralemente.

_ Las comunidades tiene la fuerza del testimonio. La memoria oral es básicamente testimonio, tiene esa fuerza, por eso el documental es un vehículo ideal para registrarlo, vos ves a la persona que te está hablando. Más allá del montaje y el subtitulado, hay una mediación mucho menor que si lo estuvieras leyendo en un libro. La memoria oral es algo muy fuerte y permanente, se transmite de padres a hijos y nietos, configura y es parte de la cultura, de la historia de un pueblo. El caso de la masacre de la Bomba es un mito para los Pilagá, permaneció intacto 60 años y todos los testimonios coinciden, podes armar el rompecabezas perfectamente.

_ ¿Cómo experimenta y qué consecuencias tiene para un pueblo como el Pilaga. 60 años de silencio?

_ Ellos estaban muy ansiosos por contar lo que había pasado, tuve suerte de haber llegado en un momento en el que ya habían elaborado la posibilidad de hablar desde las comunidades hacia afuera. Habían tenido la posibilidad de hacer su propia “terapia”, de superar el trauma terrible que significa ver morir a sus hijos y dejarlos tirados en el monte porque no los podían seguir cargando. Fue relativamente fácil recolectar estos testimonios. Nosotros trabajamos mucho con ellos el montaje, estrenamos la película allí  primero, y la revisamos para estar seguros que era eso lo que tenía que salir. Utilizan la película en las escuelas, la mueven, la copian, es de ellos. Hoy se empezó a entender la masacre de la Bomba dentro de la lógica del genocidio de los pueblos originarios en Argentina.

_  ¿Qué tanto ha cambiado la mirada sobre la historia, sobre los pueblos originarios, y qué cosas crees que todavía se mantienen a lo largo del tiempo?

_ En general, las comunidades están teniendo más posibilidades de hablar de estos temas, de enfrentarlos, de comunicar, y nos ponen en un espejo a los que no somos indígenas, para que veamos cual es nuestra historia. No ha mermado la violencia contra las comunidades, hay un espionaje permanente de la policía en las provincias, amenazas, clientelismo político para que no crezcan, para que no se junten. Hasta el día de hoy una juntada con Felix Díaz en Las Lomitas es un evento en el que están siendo espiados y fotografiados, eso está pasando. Además, las comunidades viven en zonas donde hay mucha biodiversidad, muchos recursos, son lugares estratégicos, y sabemos que el Estado argentino se encuentra en una escalada para conseguir energía y vender el país en pedacitos. Ellos son la única resistencia en el territorio, los wichis ante el avance de YPF, los mapuches en el sur, todavía la situación es complicada.

Valeria Mapelman Para ver el documental “Octubre Pilagá”: https://www.youtube.com/watch?v=_-RrW15G2kI

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