Palabras del Alma: El aguante de una biblioteca popular

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¿Frecuentas o frecuentaste una biblioteca popular? ¿Qué rol cumplen en tu comunidad? Aprovechando el Encuentro Federal entre Bibliotecas Populares realizado el domingo 23 de septiembre, hablamos con integrantes de la Biblioteca Popular Palabras del Alma, reconocida públicamente por rechazar una donación de 40.000 pesos que provenía de uno de los fondos buitres que se encuentra litigando contra la Argentina. En una tarde de sol en Pilar, provincia de Buenos Aires, y en medio de lecturas, danzas, obras de teatro y mucha calidez, Derrocando a Roca entrevistó a Carla Ponsone, Stella Maris Fraquelli, Graciela Labale y Susana Martínez, con el fin de conocer en profundidad el día a día de una biblioteca popular, los desafíos actuales, y su rol frente a las deudas sociales de un Estado muchas veces ausente.

Por Pablo Lescano


_ ¿Qué es una biblioteca popular?

Graciela Labale (GL): _ El sueño sería el fomento de la lectura, pero, hoy por hoy, una biblioteca popular es mucho más que eso, trabaja sobre aquellas cosas que en la comunidad no están cubiertas. Por poner un ejemplo, la Biblioteca Palabras del Alma hace cosas que la escuela pública no hace, que la salud pública no hace. Nosotros tenemos médicos que trabajan cubriendo necesidades que el Estado no cumple.

_ ¿Qué se busca transmitir desde Palabras del Alma?

Carla Ponsone (CP): _ Por sobre todo, la dignidad y el respeto por el otro, la contención hacia el otro. La biblioteca busca la reconstrucción del tejido social, lo que plantea el desafío de caminar sobre esa fina línea entre el asistencialismo y la emergencia. Sabemos que nos visibilizamos porque le dijimos que no a los fondos buitres, pero tuvimos que pelear por muchos “sí”. Eso es lo que nos enorgullece, más allá de la foto con la presidenta. La biblioteca tiene muy en claro su rol como institución y el rol que el Estado debe tener para con la sociedad.

Stella Maris Fraquelli (SF): _ Hay determinados valores que se han ido perdiendo con la pobreza estructural que vienen padeciendo los barrios más humildes. Se ha perdido la dignidad, el amor al trabajo, la familia, los vínculos, en definitiva. No hay que olvidar que ante los sucesivos años de atropellos de derechos, va a llevar muchísimo tiempo poder recuperar todo otra vez. Y en pos de esa tarea cumple un rol fundamental la organización desde abajo, las organizaciones populares, en este caso, una biblioteca popular.

GL: _ Hay que romper con esa desconfianza que se ha instalado, el mirar al vecino como mi enemigo y no como mi amigo. Esto viene desde hace muchísimos años, fogoneado por la dictadura y con el individualismo como regla suprema. Por eso, uno de los valores que tratamos de inculcar es la organización. En la biblioteca no hacemos la vista gorda, vamos a seguir luchando para que la escuela pública tenga la dignidad que se merece, sea quien sea el que esté sentado en el sillón de Rivadavia. Queremos erradicar el asistencialismo para que se pueda pasar a fuentes de trabajo genuino, porque la emergencia no puede durar veinte años.

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_ ¿Cómo fue la decisión de rechazar la donación de los fondos buitres?

GL: _ Yo corrijo un diario, y resulta que una noche me llega una nota en donde leo que la empresa Dart Sudamericana es un fondo buitre. Me sonó de algún lado y empecé a llamar a todo el mundo, hasta que nos informamos.

CP: _ Paralelamente a eso, en Radio Nacional se replica esto y ahí también empezamos a hacer otra corrida de llamadas. De repente, todos nos encontramos azorados con la noticia. Había una disyuntiva moral: las cuarenta lucas nos liberaban porque teníamos un déficit de $43 mil pesos, pero también, si planteamos la reconstrucción del tejido social, ¿podemos aceptar plata de un fondo buitre que está litigando contra el país, con todo lo que eso conlleva? A partir de ahí se desarrollaron discusiones. Lo que hay que tener en claro es que esto no pasa por ser o no kirchnerista, sino por una cuestión de sentido común, de patria, de retrospección histórica.

GL: _ Después, lo que ya se sabe y estuvo circulando: vinieron los canales, salimos hasta en TeleSur, en diversos diarios. Hay que entender una cosa: permanentemente nosotros hablamos de la deuda social y, si fuéramos tan kirchneristas como dicen, nos callaríamos la boca al recibir el subsidio de manos de la presidenta. Nosotros no nos callamos.

_ ¿Qué actividades se desarrollan y qué proyectos vislumbran a futuro?

CP: _ Talleres para niños, para adolescentes y también para mamás. Además, tenemos la primaria para adultos, prestamos el espacio al Centro de Educación de Adultos 703 y, desde hace un año y medio, se gestionó la incorporación del plan Fines. A futuro todo depende de lo que vaya surgiendo. Tenemos una población con muchos problemas de discapacidad y no estamos encontrando la manera de poder contenerla dignamente. También la violencia de género nos apremia muchísimo. Ninguno de los tres niveles del Estado hace nada al respecto. Hoy en día estos casos se resuelven por los lazos de solidaridad de una mamá con otra, porque la contuvo, la acompañó, le cuidó a los chicos.

GL: _ Todo depende de la demanda de la comunidad. Lo ideal sería tener un equipo de trabajo social propio, alguien con herramientas para abordar estas problemáticas mencionadas. La gente acude buscando una respuesta que no siempre podemos dar. En ese sentido, la biblioteca le ha ganado espacios al Estado, lo cual, mientras por un lado nos enorgullece, por el otro nos desespera, ya que muchas veces no tenemos las herramientas para poder resolver distintas problemáticas. Además, no hay que perder de vista que es el Estado quien debe ocuparse.

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_ ¿Qué desafíos implica hoy en día llevar adelante una biblioteca popular?

CP: _ El desafío principal es tratar de reconstruir todo ese tejido que se rompió. Por ejemplo, empezamos a ver que eran muchos los padres que estaban en situación de analfabetismo, por lo que decidimos articular con el programa de alfabetización cubano “Yo sí puedo” y con la Fundación Un mundo mejor es posible, también de Cuba. Se hizo un relevamiento enorme y se detectó un número muy grande de analfabetos en el barrio Peruzotti, que es donde nos encontramos (es el barrio que mayor cantidad de analfabetos tiene Pilar). Y no es una tarea fácil, ya que al vecino le da mucha vergüenza reconocerlo. Esto implica una mística que debe trascender, porque la biblioteca debe perdurar en el tiempo. El desafío está en ir dejando esta semilla en los más chicos para que a futuro se multiplique, que la biblioteca se pueda reproducir a sí misma. Estamos plenamente convencidos de que la respuesta sale desde las bases, desde la reconstrucción de ese tejido social, desde reflotar la solidaridad. Si hay que hablar de revolución, empieza por ahí.

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