Luchas cotidianas

Punta Querandí: una huella originaria que resiste en Tigre

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En el límite entre Tigre y Escobar, se encuentra Punta Querandí (ubicado en la desembocadura del Arroyo Garín, al fondo del Paraje Punta Canal), una zona poseedora de una gran diversidad de flora y de fauna y amplia vegetación, lo que la hace cotizada para el sector inmobiliario. A ambos lados, Punta Querandí ha visto crecer un complejo de countries, pero a contramano de este tipo de construcciones, quienes vivían allí antes del boom inmobiliario se resisten a cambiar su estilo de vida y a ceder sus territorios. Derrocando a Roca estuvo allí, hablando con los vecinos y con representantes del “Movimiento en Defensa a la Pacha”, para entender un conflicto que ha demostrado que la ofensiva del sector privado para adueñarse de los terrenos aledaños a los countries, no tienen límites.

Por Alejandra Santiago y Pablo Lescano


Los ´90, los años de “la pizza y champagne”, no sólo trajeron consigo el denominado “fin de la historia”, celebrado desde las trincheras del capitalismo neoliberal, sino que también se buscó instalar como discurso hegemónico la idea del “fin de los territorios”. Esta noción supuso el desarrollo y puesta en práctica de una política de desterritorialización, conforme a la oleada que sacudía el país con las privatizaciones, el crecimiento de la burbuja inmobiliaria, las construcciones de urbanizaciones cerradas y su correspondiente segregación territorial. Ello se vio reflejado en alambrados, en muros, en diversos tipos de construcciones que pusieran de manifiesto una separación marcada entre dos mundos. Punta Querandí no fue ajeno a este fenómeno.

Panamericana, casas, edificios, smog, gente, gente y más gente. De golpe, pasando Ingeniero Maschwitz, el paisaje sorprende, y muestra una inmensidad verde en la que la vista se pierde. ¿Se cambió de provincia? No, es Buenos Aires, pero los ojos se muestran extrañados al reconocer paisajes que se suelen encontrar en viajes más allá de las fronteras de la provincia. Sin embargo el Complejo Villanueva, que aglutina once countries, nos agrega alambrados al paisaje para no estar tan extrañados.

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Pablo, vecino y participante del “Movimiento en Defensa de la Pacha”, relata que la lucha en Punta Querandí comenzó en el año 2009, con un acampe en protesta por la segregación territorial que estaban sufriendo en la zona: ‘‘Todo comenzó siendo una lucha por preservar un territorio ancestral, y ahora continuamos presionando para que no sigan avanzando a las casas de los vecinos”. El negocio inmobiliario pide el desarraigo territorial de los pobladores que vivieron desde siempre en el lugar. Las construcciones que se hacen en la zona son altas, entonces la gente que se halla alrededor queda en una especie de pozo. Y ubicados en zona de sudestadas, tienden a inundarse, ya que los humedales (las manchas azules que se ven en el mapa), que cumplían la función de drenar el agua, hoy están dentro de los countries.

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El avance de las construcciones “modernas”, implicó una apropiación del espacio público que le impidió la libre circulación a los vecinos de Punta Querandí. Diversas calles, el camino de la Vía Muerta, y parte de la Avenida Brasil quedaron adentro del complejo: “En un momento tuve a mi hijo con un accidente, diluviaba y yo no tenía como salir, quedabas varado. ¿Con qué necesidad? Si yo tenía un buen asfalto. Ahora, si llega a pasar algo, no entra ambulancia, remises, nada…” relata Alejandra, vecina del lugar. Ante la posibilidad de verse encerrados y de no poder acceder a la zona urbana y comercial de Tigre, la presión de los vecinos de Punta Querandí logró que se construya un puente, que sin embargo, no deja de ser peligroso: “Cuando hay sudestada y uno se para encima, el puente tiembla. Si mañana el puente se cae, el vecino y yo nos quedamos varados, porque circulación por adentro del country no podemos tener”, describe Alejandra. Sin título-1

El acampe del “Movimiento en Defensa de la Pacha” logró defender un sitio arqueológico, territorio ancestral querandí, del avance de las topadoras y casas lujosas. Pero también protegió a las viviendas, generadoras de identidad para los pueblos originarios, que para el imaginario colectivo se hallan olvidados en el pasado, amparado por el dispositivo positivista que se imparte en las escuelas y en los medios masivos de comunicación. Poco se conoce de las poblaciones Qom, Querandí y Guaraní que habitan Buenos Aires ya que el discurso dominante indica que la provincia es una excepción, es la “París de Latinoamérica”, y desconoce la identidad indígena del territorio bonaerense. Desde Rosas hasta Roca, el Estado se encargó de extender cada vez más la frontera del hombre blanco para desplazar a los indígenas hasta las zonas más marginales. Así, el campo aparece como un espacio lejano, y los pueblos originarios totalmente invisibilizados. El “otro” emerge colonizado, despojado de su historia, de sus territorios, de su cultura, despojado de su existencia. Alejandra reflexiona: “Algunas veces pienso: ´Si les digo para que me dejen pasar el camión de tierra, así levanto mi terreno y no se me llena de agua…´ Pero después me digo: ¿para qué? Si ya sé que me van a decir que no, porque yo no pertenezco a la sociedad de ellos.”

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A pesar de todo, los pueblos resisten. Esta política de desterritorialización generó en esos actores sociales invisibilizados una nueva reterritorialización, es decir, los llevó a emprender una búsqueda que permite resignificar las tradiciones, la historia, la cultura, todo aquello que es negado por el paradigma dominante. Pasaron a ser protagonistas y a situarse en un camino de reivindicaciones en base a un arraigo territorial que les confiere identidad: “Nos siguen corriendo y siguen levantando, no sé hasta dónde quieren llegar, pero yo tengo en claro que no me voy a ir de acá, por más que me ofrezcan una casa adentro del country. ¿Por qué me tengo que ir de acá?”, enfatiza Alejandra, “Pasa que me quieren comprar la casa y yo no la quiero vender: si ellos me quieren comprar la casa, no me van a venir a poner el precio, el precio lo pongo yo (…) No les voy a regalar el negocio y tampoco pienso vender porque esta es mi casa y punto (…) Pero ahora se está juntando mucha gente y se está volviendo contra el country por el desarraigo social que genera.”, agrega el vecino Carlos Ramírez. El proceso de lucha por el territorio data de siglos atrás, pero a la vez es una lucha muy actual. La huella de los pueblos originarios está vigente, y no permite que se los siga desplazando.

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