Hernán Scorofitz: “La política macrista de cierre gradual y silencioso del Borda, está en connivencia con las autoridades nacionales”

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A más de un año de la represión llevada a cabo por la Policía Metropolitana, Derrocando a Roca entrevistó en los estudios de FM La Colectiva 102.5 a Hernán Scorofitz, psicólogo en el Hospital Borda, integrante de la Asociación Psicólogos en Lucha y delegado de la Comisión Directiva de Psicología del Gremio Docente de la UBA (AGD UBA) ¿Qué cambios esta llevando a cabo Macri en el Borda? ¿Qué hay detrás de la Ley de “desmanicomialización” y del programa “Recuperar Inclusión” impulsado por el SEDRONAR? Además, su postura respecto a los proyectos de despenalización de la marihuana.


_ La represión a trabajadores y pacientes del Hospital Borda por parte de la Policía Metropolitana estuvo en el foco de los principales medios de comunicación. Sin embargo, a más de un año de aquellos sucesos, la situación del hospital no integra la agenda mediática. ¿Qué ha cambiado en el Borda en este tiempo?

_ Si tuviéramos que trazar un balance de lo ocurrido desde el 26 de abril de 2013 hasta hoy, en algunos aspectos diría que las cosas han empeorado. Desde el punto de vista judicial, los únicos procesados por la represión son los compañeros que fueron detenidos. Por afuera de las aristas judiciales, el hospital está siendo maquillado. Quienes pasen hoy por el Borda van a ver que hay una serie de obras y arreglos, lo cual parecería una contradicción cuando se realiza una denuncia. Macri ha tomado nota sobre lo que es la resistencia y el repudio hacia una política directa de cierre, por lo cual está maquillándolo con el objetivo de ir mudando paulatinamente y en silencio, las oficinas de dos ministerios del Gobierno de la Ciudad hacia el Pabellón Central del Borda. Para nosotros, los trabajadores, es algo paradójico: ver arreglos deberíamos tomarlo como un triunfo de la lucha y de que el Estado ha cedido a nuestros reclamos. Pero en realidad están haciendo reformas cosméticas, y los únicos sectores que están remodelando son aquellos en los que se planea mudar las oficinas del Ministerio de Modernización. Esto no está declarado públicamente, pero es un secreto que en el hospital se conoce. Lo lamentable es que toda esta política de cierre gradual, silencioso y de encubrimiento del Borda, está en connivencia con las autoridades nacionales, que en el ámbito de la ciudad debieran ser opositores.

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_ Hay una ley que proyecta para el año 2020 el cierre de este tipo de hospitales a partir de llevar adelante la desmanicomialización. A pesar de que en principio pareciera ser una medida progresista, ya que termina con el encierro del paciente en pos de una inserción social, hay un Estado que se retira en favor del sector privado…

_ La ley 26.657, aprobada en diciembre del 2010, tiene como aspectos positivos que la jefatura de los servicios de los hospitales no depende solamente de los médicos psiquiatras como hasta el día de hoy, sino que un psicólogo pueda dirigir un servicio de salud mental de un hospital monovalente o general. A su vez promueve los abordajes interdisciplinarios por fuera de la clásica concepción médico-psiquiatra, donde prevalece la medicación y que va muy de la mano de la llamada concepción manicomial, es decir, el aislamiento del loco en el hospital. Por otro lado, esta ley promueve, siguiendo los lineamientos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) –que en realidad son los del Banco Mundial-  la descentralización, lo cual en principio suena lindo. La ley prohíbe la construcción de nuevos manicomios o neuropsiquiátricos, y los que ya existen deben descentralizarse y ser sustituídos por centros alternativos, casas de medio camino, talleres protegidos y hospitales de día. El problema es que la mayoría de estos dispositivos están gestionados por fundaciones, ONG’s, o directamente por ex clínicas privadas psiquiátricas aggiornadas. La ley dice que el Estado tiene que construir en los hospitales nuevas áreas de salud mental y de internación, pero la realidad es que dentro del sector público de salud, lo único que se cumple de la ley es lo que respecta al desmantelamiento del monovalente, es decir, del neuropsiquiátrico. Se trata de un fenómeno formidable de terciarización de la salud. Yo estoy en contra de que se defina al Borda como un manicomio, es un hospital monovalente con un festival de contradicciones: tenés desde la radio La Colifata, al Frente de Artistas, un programa de pre-acta comunitario, hasta servicios de internación donde lamentablemente prevalecen prácticas manicomiales que hay que transformar.

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_ La Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR), hoy dirigido por el padre Juan Carlos Molina, lanzó un programa llamado “Recuperar Inclusión”, el cual inaugura 150 centros preventivos en todo el país, mostrando el cambio de paradigma de no atacar al adicto. ¿Cómo pensás este vinculo entre el Estado, la Iglesia Católica y las adicciones?

_ Este plan apunta a la tercerización de los dispositivos en la llamada área comunitaria en el tercer sector. En este caso, no solamente está la Iglesia… Un día antes de que se presente el plan, Molina había recibido a una serie de intendentes de la Provincia de Buenos Aires -que son una nueva versión de los varones del conurbano- donde lo que se buscó fue delegar los centro de prevención y de educación a algunas organizaciones vinculadas con la Iglesia y con los punteros del PJ. El problema de las adicciones en el campo de la salud mental lo vemos en pibes epidemiológicos, en el sentido de que los pocos dispositivos que hay en el sector público no dan abasto. De hecho, en la población del Borda ha cambiado el tipo de paciente, es más común encontrar no solamente los casos básicos de psicosis sino muchos de adicciones. Como se dice en la jerga son los pacientes “caño”, complicados. Las adicciones ameritan un abordaje especial, desde un punto de vista complejo, a veces más complicado de lo que sería una esquizofrenia o trastornos mentales más clásicos.

_ ¿Y por qué la Iglesia asume esta responsabilidad?   

_ La Iglesia cuenta con un tendal de las llamadas “granjas de rehabilitación” o comunidades terapéuticas. Los varones del conurbano o los punteros pejotistas van a terminar, probablemente, construyendo su comedor comunitario en un centro preventivo. La mayoría de los 700 millones de pesos que fueron anunciados como inversión del plan Recuperar Inclusión no están destinados a la construcción de edificios con profesionales de la salud, con psicólogos y psiquiátricos que estén en planta. Entonces, en nombre del trabajo solidario y del voluntariado, lo que se hace es precarizar el trabajo en salud pública y mental en el nivel primario. Cuando la presidenta Cristina Fernández habla tanto sobre “empoderamiento”; muchos psicólogos entendemos esa palabra porque en el área comunitaria se usa mucho. El empoderamiento es supuestamente que la población se apodere de las herramientas para poder resolver problemas deslindando al Estado de la responsabilidad, que la comunidad tenga sus herramientas para autogestionarse. El trabajo voluntario en el nivel primario privado preventivo en los barrios, termina siendo la militancia de tal o cual organización, y no de profesionales del área del salud mental con estadía laboral, que trabajen en planta y que no sean, como suele ocurrir hoy en el mejor de los casos, monotributistas.

_ ¿Qué opinión tenés acerca de los proyectos de legalización y despenalización del consumo de drogas? Sos militante y fuiste candidato a legislador por el Frente de Izquierda, y desde ese sector político no hay posiciones homogéneas…   

_ Dentro del Partido Obrero (PO) es un tema muy debatido. La posición oficial nuestra es a favor de la despenalización, lo cual no es lo mismo que la legalización. El problema acá es que la legalización, como se está aplicando hoy en Uruguay en donde ya están preparando el turismo cannábico, no se convierta en un negociado. Vemos que cuando se conquista una libertad democrática, esta termina siendo un negocio, como pasó acá con el matrimonio igualitario, que terminó abriendo el turismo gay, el crucero gay y demás. La cuestión es si la legalización va a terminar siendo un negociado, por ejemplo, para las agroquímicas. Si otras fueran las condiciones políticas, sociales e históricas, podría ser mucho más proclive a la consigna de legalización, pero soy más cauto, ya que la legalización no apunta a que cada consumidor tenga su cultivo. En estos momentos estoy haciendo un trabajo de investigación, el cual tiene que ver con mi doctorado en la UBA, donde planteo que en los últimos 10 años, en la llamada “década ganada” que tiene como bandera la reactivación del mercado laboral, se ha producido junto al incremento de la precarización (que llega hoy en día a un 30%), una mayor cantidad de enfermedades laborales. ¿Nos vamos a escandalizar por la marihuana cuando el negocio lo están haciendo los laboratorios? Desde el 2003 hasta acá creció un 40% la venta de tranquilizadores o ansiolíticos. He recogido testimonios que describen que los supervisores de call centers, les dan ansiolíticos a los pibes que laburan para evitar un cuadro que después los haga faltar al trabajo, y a su vez les haga soportable el mismo. Imagínate si con esta situación actual nos vamos a escandalizar porque un pibe fuma un porro.

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