“La desaparición de Julio López no ocurrió porque él tuviera una información exclusiva, sino que se buscó entorpecer un proceso judicial que comenzaba”

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El 18 de septiembre se cumplen ocho años de la desaparición de Jorge Julio López. Para recuperar las distintas etapas de la investigación judicial, las líneas serias y el rol de la Policía Bonaerense, Derrocando a Roca entrevistó a Luciana Rosende, co-autora junto a Werner Pertor, del libro “Los días sin López”. Por memoria, verdad y justicia.


_ ¿Cuál es el aporte que hace el libro “Los días sin López”, en un contexto donde lamentablemente los medios hegemónicos han dejado de hablar del tema?

_ Es un aporte para entender lo que se ha investigado desde el 2006 hasta la fecha, y despejar las pistas falsas y disparatadas en las que se gastaron recursos, para tratar de distinguir las líneas de búsqueda que podrían llevar a algún lado. Lo que hicimos fue meternos en la causa judicial y tratar de contar con la mayor claridad posible cuáles eran las líneas de investigación más serias, que por alguna razón quedaron truncas. Insistimos sobre esto porque esas líneas tienen relación con el entorno represivo.

_ En este trabajo que realizaste junto a Werner Pertor, ¿Con qué falencias de la causa se encontraron?

_ Primero, en el casi año y medio que estuvo a cargo la Policía Bonaerense, la misma fuerza que había secuestrado a López en 1976 y que es sospechada de tener vínculos con su desaparición en democracia. Se hicieron rastrillajes en base a indicios que daban videntes, e incluso hay en la causa un elemento aportado por alguien que dice tener información de una ‘mujer pájaro’ que vuela sobre la provincia de Buenos Aires y ve dónde está López. No se avanzó con pistas más serias que tienen que ver con el entorno de Miguel Etchecolatz, con los represores integrantes del circuito Camps que menciona Julio en su testimonio, y con la línea menos conocida que involucra a miembros del servicio penitenciario bonaerense, puntualmente un ex jefe de inteligencia.

_ ¿La Policía Bonaerense sufrió algún cambio que haya servido para impulsar esta causa en los últimos años?

_ Lo que pasa es que cuando se los aparta por ‘negligencia manifiesta’, que es la figura que se usa para explicar lo que habían hecho, algo por demás discutible porque debería ser por ‘encubrimiento’, la bonaerense queda a un lado. Así se hace responsable la Policía Federal, la de Seguridad Aeroportuaria, y lo que se pretende también es que intervenga Gendarmería. La bonaerense dejó de participar, aunque también hay cosas que cuestionar a la Federal en la investigación porque hubo medidas que se llevaron igual de mal que antes.

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_ ¿Qué opinión tenés sobre la actuación del poder político respecto a la desaparición de Julio López?

_ Hay que reclamar una mayor presión política sobre este Poder Judicial que, como se ve, no avanza, aunque hubo funcionarios de dicha institución que pese a todo trabajaron bien, como Nogueira, un secretario interesado en las pistas serias. Al poder político se le reclama mayor presencia y presión sobre el tema, y a la distancia, la mayor crítica es que no se haya tomado el caso desde un primer momento como una desaparición forzada, sino desde la hipótesis del “viejito perdido” o el “shock emocional”, lo cual hizo que se pierda un tiempo irrecuperable.

_ Hace unos años se pidió la conformación de una comisión y un pedido de informes sobre esta causa, pero se votó en contra. ¿Cómo terminó esto?

_ Sí, el problema fue que era medio dudoso para qué lado apuntaba esta presunta comisión, no era muy fiable.  De hecho, cuando estuvimos en un acto que se realizó en el Congreso, nuestro reclamo fue  que los diputados que formaran parte del Consejo de la Magistratura puedan revisar el accionar de los funcionarios del Poder Judicial abocados a esta causa. Desde ese lado, desde el poder del Estado que representan, sí podrían hacer un aporte directo.

_ ¿Por qué Julio López? Se te ocurre pensar en las intenciones de quienes lo desaparecieron?

_ La figura del testigo clave no es la que explica el por qué de su secuestro. No porque su testimonio no haya sido importante, ya que menciona a un montón de represores, lugares, describe situaciones y fue testigo de asesinatos. Su desaparición no ocurre porque él tuviera una información exclusiva, sino porque se buscó entorpecer un proceso judicial que comenzaba. Fue el primer juicio que se inició tras la derogación de las leyes de impunidad, y el secuestro se hizo porque la logística para desaparecer a un jubilado de un barrio periférico de La Plata, y que a su vez no era una figura conocida de algún organismo de Derechos Humanos, era “más fácil”. Secuestrar a cualquier otro de los testigos, con un testimonio igual de fuerte, hubiera sido mucho más complejo.

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