Política nacional

Pa´lante Patria Grande

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El sábado 26 de Julio fue el lanzamiento de Patria Grande, un movimiento que unifica a las agrupaciones Marea Popular, Frente Nacional Darío Santillán Corriente Nacional, el Movimiento 15 de enero de Mar del Plata, Sudestada y Cutral Có de Córdoba, Chico Mendes, entre otras. En una fecha elegida especialmente por su renitencia a un nuevo aniversario del asalto al Cuartel Moncada en Cuba y al fallecimiento de Eva Perón, Derrocando a Roca se hizo presente para indagar entre la militancia de Patria Grande, sus percepciones acerca de los principales tópicos de la política argentina. 

Por Alejandra Santiago

‘Patria Grande’, término popularizado en los últimos años por el venezolano Hugo Chávez Frías, en línea directa con los pensamientos de próceres como José Martí, Simón Bolívar y José de San Martín, da cuenta de la necesidad de unidad latinoamericana para continuar la lucha hacia el socialismo del Siglo XXI, y de “forjar un camino alternativo y emancipador” para tener la ”posibilidad de construir un país en el que prevalezcan los principios de la justicia social, la soberanía popular, y la independencia nacional.”

¿Es posible que este paso de unidad de agrupaciones y partidos de la izquierda popular, sea el antecedente para tener finalmente una izquierda unida en nuestro país? ¿Qué piso dejan 12 años de kirchnerismo? ¿Cómo afectará a futuro este modelo primario extractivo? ¿Y el modo de negociar el pago de la deuda externa? ¿Cómo relacionarse con la Iglesia en tiempos de efervescencia ‘francisquista’? Para responder a estos interrogantes, Derrocando a Roca entrevistó a tres referentes de la mesa política del movimiento: Itaí Hagman, economista y reciente candidato a diputado por la Ciudad de Buenos Aires, Martín Ogando, sociólogo, y Clara Condenanza, presidenta de la FULP (Federación universitaria de La Plata).

Mareos


 _ ¿Cuál es la política de alianzas de Patria Grande? ¿Se plantea formar un frente de izquierda junto a los partidos que integran el Frente de Izquierda (FIT)?

 Itaí Hagman (IH): _ Es posible, pero más que plantearse la unidad de la izquierda, habría que pensar en la unidad de los sectores populares. El FIT es una expresión del movimiento popular en la Argentina que todos respetamos a pesar de las diferencias. Planteamos la unión de un campo popular fragmentado, en el que se encuentran sectores populares que en estos años han apoyado al kirchnerismo, o que han apostado a otras experiencias políticas de corte ‘progresista’. Es necesaria porque a pesar de las diferencias políticas, ni el FIT ni la izquierda popular por si solos van a transformar la Argentina, tenemos que encontrar algún marco de unidad. Muchas veces existen en otros ámbitos y en distintas luchas del movimiento obrero, territorial y  estudiantil y pueden ser una guía para pensar en un frente común. Lamentablemente no se ha podido trasladar esa unidad al marco político electoral, pero hay que dejar de pelearnos por mezquindades, y poner por delante la necesidad de que el pueblo argentino tenga una expresión clara del movimiento popular en el plano político.

 Clara Condenanza (CC): _ Patria Grande es un proceso de muchos años de acumulación de un sector de la izquierda y no nace de una situación coyuntural. En ese marco nos venimos articulando con las fuerzas del FIT desde hace años, pero no es nuestra prioridad el armado político electoral para 2015. Si lo es armar un bloque de resistencia nacional para luego saltar de esa posición, y pasar a organizar y compartir movimientos estratégicos para llevar adelante a la Argentina.

 Martín Ogando (MO): _ Tenemos la aspiración de la unidad más amplia posible dentro del campo popular. Mi ideal, independientemente de que se pueda concretar o no, es una unidad política tanto con las organizaciones pertenecientes a la política tradicional partidaria como es el FIT, con  organizaciones que han recorrido otras experiencias del campo popular como puede ser la CTA, e incluso con organizaciones populares que han sido parte, o han tenido expectativas en el kirchnerismo, y que no avalan la salida conservadora y por derecha que el gobierno nacional le quiere dar a este proceso político. Es difícil porque desde el FIT tienen una mirada distinta sobre el marco de construir unidad en el campo popular, pero estamos dispuestos a trabajar en esa perspectiva.

 _ ¿Cuál es su evaluación sobre estos años de gobierno kirchnerista?

IH: _ Es contradictoria, porque en estos últimos años han demostrado los límites y el fracaso de un proyecto que apostó a construir un ‘capitalismo serio’, y a reconstruir una suerte de empresariado nacional, patriota, sensible, comprometido con los intereses de la nación. En estos 10 años, si bien han mejorado las condiciones de vida del pueblo trabajador, también ha aumentado una matriz económica y productiva sumamente regresiva, y no se ha avanzado en transformaciones estructurales, como por ejemplo, en que se le quite al sector privado el dominio de los resortes estratégicos de nuestra economía, como el comercio exterior, el sistema financiero y las grandes rentas vinculadas a los recursos naturales.

CC: _ Este gobierno vino a recomponer una situación social y política crítica en la Argentina. Lo hizo desde un discurso amplio, pero basándose en los históricos estamentos del Partido Justicialista. Tuvo medidas progresistas como la Ley de Medios o la Asignación Universal, que eran necesidades populares que se venían pidiendo históricamente. Pero nunca planteó cambios estructurales: se recompuso la gobernabilidad en base a la extranjerización de los recursos y de la tierra, y la economía, sobre un modelo de trabajo precarizador. Que te estén apretando internacionalmente para que ejecutes pagos, y que los grandes grupos económicos presionen, muestra los limites del kirchnerismo que estamos presenciando en la actualidad.

 MO: _ Al llegar al 2015 en las condiciones en que se está llegando, sobre todo por las expectativas que el kirchnerismo generó en muchos sectores de nuestro pueblo, la sensación es desagradable. Independientemente de que nuestro pueblo vive mejor hoy que hace 10 años, se han frustrado un sin número de oportunidades. Nos habríamos decepcionado si nos hubieran dicho que el resultante de las movilizaciones del 2001 y 2002, y del propio discurso de asunción de Néstor Kirchner, sería la disputa por la presidencia entre Daniel Scioli y Sergio Massa, e indicadores sociales que son mejores que el 2001, pero inferiores a la década del ‘70 y del ‘80. Eso nos plantea a generar una alternativa frente al giro conservador que oficialismo y oposición están llevando a cabo.

_ ¿Cuál es su posición respecto al pago o no pago de la deuda externa?

 IH: _ El contexto actual, con el embate de los fondos buitres y el fallo del juez Griesa, hay una oportunidad. La deuda externa, al contrario de lo que dicen la mayoría de los economistas del establishment, no es un compromiso que la Argentina tiene que honrar, es un perverso mecanismo de transferencia de recursos de los países del tercer mundo al poder financiero internacional. La deuda externa es fraudulenta, ilegal e ilegítima, y ya se pagó muchas veces, lo que está demostrado incluso por la propia Justicia argentina en el fallo del año 2000 del juez Ballesteros. Además, a pesar de esta política de desendeudamiento, la deuda externa sigue siendo un problema. No solamente por el fallo de los buitres, sino también porque la Argentina tiene en promedio para los próximos 5 años, pagos en conceptos de intereses y capital de alrededor de 9 mil millones de dólares por año. Hay que avanzar en una auditoria de la deuda fraudulenta, no solamente por que fue contraída originalmente en la época de la dictadura militar, sino también porque los propios acreedores, los famosos buitres, se apropiaron de la deuda externa argentina de manera totalmente irregular. La única solución es la investigación, una auditoria para repudiar la parte ilegitima, ilegal, y así evitar que los recursos que produce la Argentina vayan al poder financiero internacional.

 CC: _ La deuda es ilegítima, se nos obliga a pagar algo que no contrajimos como pueblo y no se debe pagar. Eso solucionaría, en gran parte, los problemas de la economía argentina. Hay una necesidad de avanzar en una investigación de la deuda, y al recuperar cómo se contrajo esta deuda, y sus costos sociales y económicos, empezar a trabajar sobre los responsables, en la memoria y en la justicia.

 MO: _ Es un discurso relativamente aceptado que no queda otra que pagar lo que los organismos internacionales dicen. Hay un camino distinto, un gobierno que se preste popular no puede poner por delante el pago de la deuda externa, lo mínimo que tiene que hacer un gobierno es auditar, investigar que tiene de legítimo o ilegítima esa deuda externa. Esto se ha hecho, Ecuador ha auditado su deuda externa, la propia Argentina, y no era un gobierno revolucionario sino el de Rodríguez Saa, ha declarado la cesación de pagos. El gobierno ha asumido el discurso de la oposición de que se paga o quedamos aislados del mundo. Nadie dice que sea sencillo, que no nos van a hacer pagar el exceso de soberanía, pero la contrapartida es perpetuar la inclusión, el hambre en las escuelas y las falencias en salud y educación.

 _ Con respecto a las actividades industriales ligadas a los recursos naturales como el petróleo, la minería y la agroindustria, ¿Cuál creen que es la manera adecuada de extraer esos recursos y así evitar la explotación desmedida de la actualidad?

 IH: Hay que hacer foco en dos temas. Por un lado en que estas actividades están fuertemente concentradas y extranjerizadas, y las enormes rentas que producen, son apropiadas exclusivamente por grupos privados. Por otro lado, hay que analizar que tipo de explotación de recursos naturales es razonable. Hay una presión muy fuerte del mercado mundial que demanda este tipo de productos, razón por la cual hubo una importante ofensiva extractivista en América latina, lo que genera la tentación de insertarse en el mercado mundial de esa manera. Ambos planos, el de la soberanía y el del medio ambiente, tienen que ir de la mano. Eso implica pensar quién explota y como lo explota, debate que no existe en la Argentina. Ponemos el acento en la discusión democrática, en incorporar a las comunidades, a los pueblos en cada una de las provincias que sufren el extractivismo, y en la necesidad de no seguir regalando los recursos naturales a las multinacionales, que encima de destruir el medio ambiente, no generan al país un beneficio económico.

 CC: _ Hay dos principios fundamentales: resolverlo sin entregar la soberanía, y con una política que reconozca derechos laborales. A su vez, que esta extracción no sea autodestructiva, a corto plazo, ni a favor de intereses externos, sino pensada para la supervivencia del pueblo argentino y en función de nuestros propios intereses.

 MO: _ El recurso de esos bienes comunes deben estar en mano de los pueblos y ser explotados por los pueblos, y por un Estado y un gobierno de los trabajadores que representes los intereses populares. No se los pueden llevar las multinacionales afuera, que se rigen solo por el lucro capitalista, y encima pagan dos pesos de regalías. Sin embargo, es necesario buscar vías sustentables, consultar a las comunidades para ver en qué condiciones esos recursos son explotables y utilizables, sin afectar seriamente las condiciones del ecosistema, y la vida de nuestros pueblos.

 _ ¿Cuál creen que debería ser la relación de un gobierno con la Iglesia Católica, especialmente teniendo en cuenta el papado de Jorge Bergoglio?

 IH: _ La figura de Francisco y todo lo que repercute de él en los medios, tiene un impacto regresivo para algunas peleas en donde la Iglesia Católica tiene posiciones retrogradas, sobre todo respecto al derecho al aborto. Pero puede tener un impacto progresivo porque, aunque el discurso de Francisco no sea obviamente revolucionario, no deja de tener puntos interesantes en su mensaje, como por ejemplo el cuestionamiento que hace al capitalismo financiero. Es un fenómeno contradictorio, ya que así como la Iglesia ha jugado papeles nefastos a lo largo de la historia en nuestro país y en América latina, el cristianismo también ha dado corrientes de liberación, comprometidas con el pueblo, con el cambio social, y con la revolución. No se puede anular y etiquetar como negativo todo lo que venga del cristianismo, al contrario, es un parte también de la identidad popular en la Argentina, y algunos elementos del mensaje de Francisco pueden despertar la idea de la defensa de los humildes, de la lucha en contra de la explotación… No estoy diciendo que va a pasar, sino que algunos aspectos pueden incentivar a algún tipo de aliento a la participación y al compromiso político y social.

 CC: _ Para nosotros, como movimientos sociales, es regresivo tener como un papa argentino. También se ha fortalecido la relación entre el estado y la iglesia, lo cual nos parece grave porque evita al movimiento feminista poner en agenda debates urgentes como la cuestión del aborto, de la violencia contra las mujeres y tantos otros ocultados y atravesados por la Iglesia. Esta relación nos obliga a tener una política mucho más ofensiva de disputa contra el sentido común que dice que el papa es bueno por el simple hecho que es argentino.

 MO: _ En términos de la percepción del conjunto de nuestro pueblo, genera un cambio, una expectativa, lo que pueda pasar con un papa argentino. Sobre todo porque Francisco ha entendido el momento en que se encontraba la Iglesia a nivel mundial y ha desarrollado una política de relegitimación de la Iglesia Católica. En nuestro pueblo se genera una expectativa que antes no se generaba. Todos, seamos creyentes o no, debemos buscar dialogar con esa porción expectante de nuestro pueblo, teniendo en claro qué es la institución Iglesia Católica, y sus jerarquías en el multimillonario Vaticano y en la Argentina.


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