¿Combatiendo al capital? Diferencias entre el socialismo del siglo XXI y el progresismo transnacional

transnacionales

El último 26 de junio el Consejo de Derechos Humanos (CDH) de las Naciones Unidas llevó a cabo una votación de enorme relevancia para los pueblos latinoamericanos y africanos. Propulsado por Ecuador y Sudáfrica, el proyecto busca crear “un instrumento internacional jurídicamente vinculante sobre las empresas transnacionales y otras empresas”[1] con el objetivo de que las mismas respeten los Derechos Humanos. ¿Qué voto cada país? ¿Quién está al servicio de las transnacionales? ¿Y la unidad latinoamericana?

Por Tomás Hart 


Cuando hablamos de Derechos Humanos es inevitable remitirnos a la década del 70, años por los cuales el suelo latinoamericano era regado con sangre. Llevado a cabo por las dictaduras militares implantadas en cada país – y dirigido por el gobierno yanqui – el proceso de exterminio de los sectores politizados, que luchaban por un mundo más justo, dejó una herida que será difícil de cerrar.

Ahora bien, este plan sistemático de exterminio tenía como objetivo, por un lado, el disciplinamiento social y, por el otro, una reconfiguración económica. En este sentido, no podemos dejar de resaltar la complicidad de muchas empresas con las dictaduras de turno. En Argentina, por ejemplo, el caso de “el apagón de Ledesma”, en donde mediante una serie de cortes eléctricos en la fábrica los militares secuestraron al menos 400 personas, refleja la articulación entre el disciplinamiento social y la implantación de políticas neoliberales.

Al mismo tiempo, cuando hablamos de derechos humanos, también nos referimos al derecho a una vivienda digna, a una vida sana, al respeto por el medio ambiente, entre otros. A lo largo de la historia encontramos numerosos casos de empresas que contaminan territorios enteros, con la trágica consecuencia que dicha contaminación tiene para los habitantes de la zona.

ONU

Por ello fue sumamente importante la votación que se llevó a cabo en el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. A pesar de los cuestionamientos que se les pueden hacer a los organismos internacionales (en los que EEUU y Europa tienen gran incidencia) hay que considerar este proyecto como un avance en materia de control sobre el accionar de las transnacionales. La iniciativa llevada a cabo por Ecuador y Sudáfrica[1] fue aprobada por un total de 20 votos a favor y 14 en contra. Al mismo tiempo, fueron 13 los países que se abstuvieron. ¿Qué voto cada país? Vamos a lo seguro, en contra votaron: EE.UU, Inglaterra, Alemania, Francia, Italia, Japón, entre otros. En cambio, apoyaron la iniciativa países como: Cuba, Venezuela, Argelia, India, China, Vietnam, Costa de Marfil. La sorpresa nos la llevamos cuando vemos que dentro de las 13 abstenciones se encuentran los votos de Argentina y Brasil, dos países con gobiernos que en varias ocasiones han demostrado estar interesados en la defensa de los Derechos Humanos y la unión latinoamericana.Tal vez no nos sorprenda que países como Chile, México o Perú tomen esta misma postura, ya que sus gobiernos mantienen estrechas relaciones con la Casa Blanca.

Lo cierto es que, a pesar de que tanto el gobierno de Cristina Fernández como el de Dilma Rousseff se abstuvieron de votar sobre la iniciativa que busca controlar a las empresas transnacionales en lo que refiere a Derechos Humanos, el proyecto fue aprobado.

Y así, se visualizan dos estrategias contrapuestas. Por un lado, países como Ecuador, Venezuela y Cuba, que, a pesar de los límites coyunturales y geopolíticos, se posicionan en contra de las transnacionales y su lógica altanera-depredadora[2]. Por el otro, Brasil y Argentina, categorizados internacionalmente como nuevos “países emergentes”, se abstienen, constituyéndose como un mercado atractivo para que sigan recibiendo inversiones de empresas transnacionales extractivistas.

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El caso argentino es más que preocupante. El gobierno, a través de YPF, firmó con la transnacional Chevron un acuerdo con clausulas confidenciales para la exploración y explotación de hidrocarburos no convencionales. ¿No era esta iniciativa una herramienta que podía utilizar el gobierno argentino en caso de sufrir excesos por parte de la empresa? ¿Dónde quedó la unidad latinoamericana? ¿Qué relación tiene la abstención argentina con los acuerdos del gobierno con Monsanto, Barrick Gold o Chevron? ¿Qué relación tiene su postura en el CDH con el proyecto de ley “de inmunidad a las inversiones de otros países vía acuerdos de reciprocidad con bancos centrales” impulsado desde el ejecutivo? ¿Hacia dónde estamos yendo? ¿Hacia qué país nos están llevando?

 

[1] Resolución HRC 26th-25/06/2014-A/HRC/26/L.22/Rev.1

[2] Vemos por ejemplo, el caso de Ecuador, donde el presidente Rafael Correa está llevando a cabo una campaña para demostrar los daños ambientales que la empresa Chevron (empresa fugitiva de la justicia) dejó en la Amazonia

[1] http://www.atilioboron.com.ar/2014/07/rechazo-de-las-transnacionales-y-sus.html

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