Música

“El pogo rockero tiene una rentabilidad agonística, se consume en su propio placer”

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Daniel Salerno es Licenciado en Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Buenos Aires. En esa casa de estudios es docente del “Seminario de Cultura Popular y Masiva” e investigador en el Instituto Gino Germani. En la entrevista realizada en nuestro programa de radio, analizamos al pogo y la cultura del aguante en la música desde las benditas ciencias sociales.

_ ¿Cómo nace  el pogo?

 _ Nace en Inglaterra, ahí se empezó a bailar pogo y los sociólogos ingleses dicen, “bueno ¿Qué hacen estos muchachos que saltan y se pegan?” Luego se propagó como práctica en los escenarios.

 _ ¿Vos te referís al pogo punky de los ’70? ¿Ahí empieza, o es antes?

 _ El baile como estructura de poder empujarnos, pegarnos, tocarnos, nace con los punks, era como una especie de efervescencia. Se expande y se convierte en una práctica central en Argentina. Por otros trabajos que tuve viajaba seguido a México y aprovechaba para ver bandas, allá el pogo es una cuestión únicamente de punks.

 _ Acá en cambio no hay un género o subgénero musical específico que lo practique…

 _ Casi no hay género donde no se haga un poquito de pogo. Salvo las bandas más elegantes o más intimistas, los grupos acústicos, en el resto se baila, y se baila pogo, que es una práctica admitida, reglamentada.

 _ ¿A partir de qué época llegó a la Argentina?

 _ De acuerdo a lo que investigué, empieza también como una cuestión punk. Entrevisté a rockeros que hoy tienen 50 y largos y había un problema entre, por ejemplo, Los Violadores y Riff, que compartían escenarios. En esos tiempos se generaban peleas entre el público de Los Violadores, que hacían pogo, y los rockeros que seguían a Pappo, que no, que les molestaba, y entonces se agarraban a piñas. Después se va expandiendo y se puede ver en otros grupos rockeros, metaleros, como Rata Blanca. Y a partir del 96, 97, se expandió por todos lados.

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_ Decíamos que el pogo en Argentina abarca casi todos los estilos, pero cada uno mantiene sus características. No es lo mismo un pogo de La Renga que el de una banda metalera o de cumbia.

 _ No, porque no es la misma música. Aunque parezca mentira o aunque desde afuera no se perciba, hay una coherencia entre lo que se esta tocando y lo que se está bailando, y no es el mismo contrato. Uno puede ver que los punks se pegan y en el pogo de La Renga no se pegan, hay una suerte de salto, de ostentación. El que no baila pogo se va atrás, pero el que sí tiene que demostrar haber estado las 3 horas bailando, estado heroico si los hay. El que está atrás, ahí se queda, conforme el rockero va envejeciendo, también va yendo hacia atrás, el cuerpo no resiste. El pogo es una forma de bailar, de festejar una comunión que es un recital colectivo, tiene la reglamentación de la ‘no agresión’. Sería interesante hacer una prueba y traer a una persona del siglo XIX y decirle que ese quienes integran ese grupito que poguea no se están peleando. ¿Como explicarlo? Además, la  novedad de los últimos diez años, es la presencia de mujeres en en el pogo.

 _ ¿Qué rol juega el pogo dentro de la cultura del aguante? ¿Qué otros factores generan esta práctica cultural?

 _ El aguante tiene una doble derivación. En el lenguaje coloquial sirve para explicar una cosa que uno soporta o resiste, caso la lluvia, el dolor… Conforme se pasa al rock y al fútbol, ya se torna más complejo. Mientras que en la música el otro no está presente, en el fútbol siempre se conforma una disputa entre simpatizantes, lo que construye un contrato distinto. Por ejemplo, si ustedes le dicen a un fanático de un grupo pop, más sofisticado, “no tenés aguante”, el tipo va a contestar “No, claramente, de eso se trata, no es mi mundo ese, no es mi apuesta estética”. En el caso del rock se conforman una serie de elementos que construyen la cultura del aguante, los cuales pueden ser el estar mucho tiempo, hacer la previa, tomar y no caer bajo los efectos del alcohol.

 _ La diferencia es que en el fútbol el aguante es colectivo, es la hinchada la que tiene aguante, no un sólo hincha en particular. En el rock puede ser más individual. El aguante quizás es propio y no de un colectivo

 _ Son dos tipos de identidades diferentes. En el fútbol yo puedo contrastar con el otro cuánto aguante tengo. En el rock, el tener aguante no necesita medirse en comparación con un otro, la otredad está en tengo/no tengo ese capital, pero no en “tengo más que vos”.

 _ Yendo a los individuos, ¿Qué es lo que los lleva a hacer pogo? ¿Se realiza por un sentimiento de pertenencia hacia un grupo, que deriva en un disputar por ese aguante?

 _ El aguante tiene una rentabilidad concreta. El pogo rockero tiene, si se quiere, una rentabilidad más agonística. Se consuma en su propio placer. Creo que es tan eficaz porque tiene esa cuestión hedonista del rock de agotarse en esa sensación placentera.

 _ En tus investigaciones has hecho trabajo etnográfico, de campo. ¿Qué recuerdos tenes de esos trabajos?

 _ Tengo dos recuerdos recurrentes. Uno de los chicos con los que laburé era de la barrabrava de Chacarita. Un día estábamos en la previa de un recital y se empiezan a pelear unos pibes. Yo pensé, “bueno, ahora este va a ir a intervenir porque es un barra”, pero se queda en el molde. Al otro día le pregunto, y me dice: “no, este no es un lugar para pelear. Acá venimos a pasarla bien”. Un tipo que tiene un lugar prominente, con una hinchada y demás, ahí cambiaba la ficha. El otro recuerdo es acerca de un experimento que hice. Puse a escuchar tanto a rockeros viejos y jóvenes un reportaje que Alfredo Rosso le hizo a La Renga. Rosso le preguntaba a los pibes de la banda por qué habían compuesto tal canción, tal letra. y ellos contestaban que solo componían el tema y que la gente podía interpretar lo que quisiera. Los rockeros viejos estaban horrorizados, esperaban a alguien que dijera “no, yo acá quiero representar la soledad de la existencia…”, todo el discurso que hace del rock más antiguo. Estaban indignados. Los chiquititos, que veían en Rosso a otra generación, estaban complacidos en cómo los músicos de La Renga no entraban en el juego “careta” del periodista, que quería que dijeran algo que no tenían que decir. Ahí se ve la diferencia entre los dos grupos, más o menos de la misma clase, de la misma región, pero unos decían que los de La Renga eran unos infradotados, y los otros sostenían que esa era la posición correcta del rockero frente al otro.

 _ Cuando fue lo de Cromañón, las voces más conservadoras le echaban la culpa de la tragedia a la cultura del aguante en la música, desviando las responsabilidades del Estado ¿Cuál es tu visión sobre ese discurso?

 _ Hay una cuestión estructural, que es ver cómo estaba el negocio. Si uno analiza retrospectivamente lugares, boliches, se da cuenta que no se murió más gente de casualidad. Pudo haber un exceso de confianza con el tema de la bengala, de la media sombra. Pero lo que sucedió fue una negligencia. Ningún rockero va a pelearse con otro en un recital, no creo que nadie haya ido a morirse ni a inmolarse en nombre de una ideología X. La cultura del aguante podría tener cierto coqueteo con alguna sustancia, cierto coqueteo del riesgo como otras culturas. Sin embargo, no creo que el aguante tenga la responsabilidad central en lo que pasó, más allá de que había una bengala que se prendió, una media sombra, un local superpoblado. No sucedió nada que no estaba sucediendo en otras partes de Argentina. Por eso, creo que es muy simplista decir que la cultura del aguante y Callejeros son responsables. Es cierto que hubo una falta de previsión, pero también había una falta de previsión en las fábricas del siglo XIX. No existía la idea de seguridad, antes no se trabajaba con casco y botines de seguridad. La persona de 1900, o el empleador de esa época, no era un irresponsable.

 _¿Hay un antes y un después de Cromañón en la cultura del rock, un cambio radical?

_ Si, porque cambió el negocio, cambiaron los circuitos. Si vos te fijas como era la relación entre discográficas, locales y agencias, ves que el negocio venía concentrándose, como todo en la Argentina. Cromagnón acelera ese proceso en cuanto a lo estructural, se encarecen los costos, no hay más remedio que poner un matafuegos, y alguien los tiene que pagar. Esto se llama capitalismo y lo paga el cliente. En lo artístico aparecen bandas acústicas, y sin hacer un juicio estético sobre ellos, no es casual la cantidad de este tipo de grupos que están  tocando. Hay un motivo material para ello, permite tocar en lugares mucho peor instalados y con menos costo. Una banda de rock es cara.

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