“Espero que los que gobiernan, una vez por todas se pongan y que esto de los derechos humanos lo pongan en práctica”

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El miércoles 23 de octubre, el Juzgado de Instrucción Nº 24 de la Ciudad de Buenos Aires, a cargo del juez Juan Ramos Padilla, sobreseyó por segunda vez a Daniel Santiago Veyga, integrante de la brigada de la comisaría 52 y el principal imputado de asesinar a Jonathan “Kiki” Lezcano y Ezequiel Blanco. Angélica Urquiza, madre de “Kiki”, declaró en Derrocando a Roca que el fallo lo tomó “con mucha indignación, mucha bronca”, aunque afirmó que están esperando la respuesta de la apelación presentada a la Corte Suprema, y, en caso de no ser aceptada, aseguró que recurrirán a la Corte Interamericana de Derechos humanos. En la entrevista a continuación, Angélica recuerda la desaparición de “Kiki” en 2009, el largo proceso de búsqueda y la poca repercusión mediática que hechos como el de Jonathan y Ezequiel tienen hoy en día en la agenda pública.

_ Queríamos primero preguntarte por el año 2009, sobre cómo te enteraste de lo que le pasó a Jonathan y a Ezequiel, cómo te fue llegando la información y cómo recurriste después a la justicia.

_ Todo empezó el 8 de julio del 2009, cuando mi hijo a eso de las 4 de la tarde me dice: “Ma, voy a ver a mi chica”. Yo me pongo a charlar con él, le pido que vuelva temprano, que yo me levantaba a las 4 30am para ir a trabajar. No venia, no venía, me fui a trabajar, y el día 9 viene la hermana de Ezequiel, me pregunta por Kiki, si estaba, porque Ezequiel tampoco había vuelto, entonces ahí me preocupé. Lo primero que hice ese día 9 fue correr a la Comisaría N° 52 y hacer la denuncia. No habían pasado las 24hrs, por lo que tenía que esperar…

_ Las famosas 24hrs…

_ Sí, 48hrs si es masculino. Igual me tomaron los datos. Voy al otro día, el 10, ahí ya pongo la denuncia, pero con la condición de que a la semana tenía que volver, sea si Kiki haya aparecido o no, porque sino eso como que queda archivado y no sigue la búsqueda. Pasaron dos, tres semanas, yo seguía haciendo la misma denuncia en esa comisaría, no me daba cuenta de la situación. Había pasado un mes, en el cual se dio la primera marcha y el primer corte, donde pasó algo curioso. Cortamos las dos manos de la Av. Cruz, yo estaba en una y mi hija estaba en la otra… Entonces vienen unos chicos, para hacer una entrevista, ver que había pasado, y hablan con mi hija. Preguntan por mí, y cuando van a cruzar para verme, vienen los de la comisaría, los de la 52, hablan algo con estos chicos, y entonces desaparecen, se van, no llegaron a donde estaba yo, y tampoco le hicieron al final la entrevista a mi hija, se fueron… Esa vez no se acercó ningún medio, ni nada. Y así pasaron los dos primeros meses, haciendo cortes, carteles, pegatinas…

_ A todo esto vos, la familia, ¿con qué apoyo contaban?

_ Con los vecinos y con la mamá de Ezequiel Demonty, con la mama de Camila, que es una chica que mataron de 14 años ahí en Lugano, y con la mama de Judy, unas de las primeras que se acercaron… Y también con Mónica y Vanesa, la mamá y la hermana de Luciano Arruga…

_ Ya presentía un poco la situación…

_ Lo que pasa es que ellas ya venían con problemas similares. Por ejemplo, la mama de Demonty con la Comisaría 36 y la 38, ya que al chico lo habían tirado ahí al Riachuelo, la mama Judy con la gendarmería que le habían matado a la hija, y nosotros con la 52 que habían matado a Camila. Ellas venían apuntalando algo, el chico si no aparece, algo pasa…

_ Entonces pasaron los dos meses…

_ Pasaron los dos meses… En ese tiempo no me quedé con la denuncia en la 52, sino que fui al juzgado del Menor y la Familia, para que lo busquen, después al juzgado 30 también. Había varios lugares, porque cada vez que íbamos a hacer un corte, cada vez que hacíamos una pegatina por el barrio, salían distintas versiones, de los vecinos mismos, de que habían visto a Kiki en tal o cual lado, versiones que salían de la misma policía, de la 52. Decían que al pibe lo habían visto, decían que deje de hablar, que lo vaya a buscar al Elefante Blanco que ahí estaba Kiki. Incluso tuvimos que ir al riachuelo, porque aparecieron en esos dos meses dos cuerpos, y como eran dos desaparecidos, fuimos a ver, y ahí nos enteramos de que al final era un cuerpo de mujer… Esas situaciones las tuve que pasar con mi familia.

_ Hasta que llega el momento que se descubren los cuerpos que habían sido inhumados en el cementerio de Chacarita como NN.

_ Claro, previo a eso, yo ya tenía que poner un abogado, entonces justo Juan Manuel Combi estaba trabajando en el barrio y conocía también a los familiares de Luciano me dice que le habían comentado mi caso, y así lo agarró. Yo estaba desesperada, quería que alguien investigue. Esto fue un viernes, ya el lunes llamo a Tribunales y me dicen: “Señora, ¿no la llamaron del Menor y la Familia? No, les digo, nunca…  Porque aparecieron los chicos, me dicen, uno esta fallecido y el otro hay que reconocerlo”. Y así fuimos a la fiscalía 30, del Menor y la Familia, y el 14 de septiembre nos enteramos que los chicos habían fallecido, que los había matado el mismo día 8.

_ La causa en un primer momento apuntó a limpiar la figura de la policía, del oficial que efectuó los disparos. En el 2012 cambia totalmente… ¿Cómo fue impulsado ese cambio?

_ Primero pedimos ser parte de la causa y el juez Cubas decía que no podíamos porque no nos habíamos presentado en tiempo y forma, ya que el plazo son 10 días después del fallecimiento, eso era algo imposible, porque buscábamos un chico vivo, no muerto. Todo escrito fue denegado,  hasta que vamos la segunda vez a querer presentar el escrito y nos entregan una parte del cuerpo de la causa en la que daba sobreseído a Daniel Veyga, resolución que el juez había tomado en base a un escrito de Veyga, porque ni siquiera lo llamo a declarar ni nada. Por un escrito, él lo dio suficiente, valido.

_ Se sobresee a un policía implicado con su simple testimonio como prueba de su inocencia ¿Cómo se da el giro en el Año 2012?

_ Cuando acudimos a la Corte Suprema, el primer paso es separar a Cubas, a los fiscales no fueron imparciales y que no tuvieron en cuenta un video que apareció ese mismo año, un video que fue filmado por los propios policías, que eran 6, en el que filmaban la agonía de Kiki, lo insultaban, se burlaban. Ese video apareció a través de un diputado de la legislatura que era conocido de Juan Manuel Combi. Tuvimos entrevistas con Nilda Garré, hicimos presión, fuerza, marchas para que nos atendieran y seamos escuchados. Lo primero que nos prometieron es que a través de este nuevo juez, Juan Ramos Padilla, se iban a empezar a hacer allanamientos. El 28 de diciembre se hicieron en la morgue judicial donde aparecieron prendas, entre ellas una gorrita que significaba mucho para nosotros, porque estaba tirada fuera de la camioneta, y según los relatos de Veyga, todo sucedió arriba de la camioneta, y esa gorrita estaba tirada afuera con dos orificios de bala. Pero fue puesta a custodia de la comisaria 12 y cuando teníamos la reconstrucción del hecho y 11 pericias que se iban a hacer, no se pudo porque los de la comisaria 12 mandaron un escrito al juez en donde le dicen que en una inundación en el 2012 desaparecieron todas las prendas…

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_ Corriéndonos un poco de la causa, queríamos preguntarte por los distintos casos que te fuiste encontrando partir de tu lucha y tu búsqueda en estos años. Casos en los que se da un factor común, que es la intención de la policía de ‘utilizar’ a los pibes de los barrios.

_ Lo veo claramente en el caso de mi hijo, porque meses antes le habían dado una golpiza muy, muy fuerte. Él siempre tenía una sonrisa, vos lo retabas y tenía una sonrisa, el pibe estaba contento, estaba alegre, y nunca me contó de esta situación, pero antes de que lo encontráramos fallecido, un primo se quebró y hablo, y dijo lo que había pasado el día 7 en un pasillo. Contó que apareció el “Indio” Chávez, que es el jefe de la brigada de la 52 con otro uniformado, vinieron en una moto, pararon en el pasillo. Entonces Chávez le dice a Kiki: “Una vez sí, dos no, yo voy a ser tu sombra de ahora en más”. ¿Por qué le dijo eso, que era lo que tenía que?… y ahí el otro que estaba con el uniforme le saco una foto. Esto pasó el día 7, el 8 desapareció. Esto sigue pasando en nuestro barrio. Yo creo que el caso de Kiki no fue común porque lo enterraron, lo hicieron desaparecer, pero hay chicos que día a día viven esto. Si vos no les alcanzas la droga, ellos te pegan, te dejan reventado, y si no vas a robar también te pegan y te hacen desaparecer.

_ Con respecto a la cuestión mediática,  ¿Cómo ves la diferencia que se da cuando aparecen casos como el de Ángeles Rawson en donde recibimos una avalancha de información, y otros hechos, como el de Kiki, el de Ezequiel, el de Luciano Arruga, que no impactan y no son tratados de la misma manera?

_ Sabes lo que pasa, si vos vivís en Palermo o Barrio Norte no es lo mismo que vivir en Lugano, Villa 20… En el caso de Ángeles vos te levantabas a la mañana y lo veías, pero ¿por qué se trata así? ¿Porque es de tez blanca? ¿Por qué no tenemos los mismos derechos?  ¿Porqué somos de un barrio humilde? Eso me duele porque en mi barrio, la policía empezó en el 2002 a matar pibes, los de la comisaria 52, los jefes de la brigada, y siguió hasta el 2009 y sigue hasta el 2013, ¿porque no salimos en ningún lado, porque nadie se fija?

_ ¿Cómo sigue esta lucha, como son sus expectativas a nivel de la justicia, a nivel del acompañamiento?

_ Primero digo que los que están a cargo en este país, los que gobiernan, que una vez por todas se pongan y que esto de los derechos humanos que tanto hablan lo pongan en práctica. Creo que algo va a cambiar, por lo menos vamos a ser más escuchados, y creo que más de uno se va a interesar, porque esto que paso con Kiki no te lo estoy inventando, esto le paso a una mamá que lo único que deseaba era criar a sus hijos, ver a los nietos, ver a mi hijo que termine de jugar al fútbol, verlo, verlo y estarlo y tenerlo y esto pasó, pasó, me paso  a mí. Me enseñaron a través de este gran dolor a aprender a valorar a unos pibes que están siempre adelante y valorar, porque yo siempre les digo que cada uno de ellos, de la agrupación o cada chico que no es de la agrupación que se acerque, todos llevan algo de Kiki, solo un pedacito de Kiki, y a mí me da fuerza. Me enseñaron a luchar, a que no es bueno estar sola. El dolor no se puede medir, pero la ausencia de un hijo va a ser hoy, siempre, y por todo el tiempo que me reste… Esa ausencia está, la desesperación de esperarlo, de buscarlo, y de querer que todo esto se termine. Porque yo fui muy maltratada desde el primer momento simplemente por vivir en un barrio, en Villa 20, y por ser una pobre laburadora. Hoy estoy acompañada, hay una agrupación de jóvenes en la Kiki Lezcano y tengo mucha expectativa. Como siempre digo, tengo mi angelito que siempre me está acompañando, porque no murió para mí, está siempre. Se creían que nadie los iba a buscar, pero acá hay una mamá que los buscó, una mamá que lo tuvo 9 meses en el vientre, que lo vio crecer…  Yo disfruté de mi hijo 17 años, me prohibieron todo el resto.

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