“Esta policía no tiene remedio, hay que pensar en su disolución y en la creación de una fuerza de seguridad sustentada en un poder popular”

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Entrevista a Alejandro Guerrero, periodista y escritor, autor del libro “La Federal, la trama detrás del delito la inseguridad y el miedo”. Militante del Partido Obrero, actualmente trabaja como redactor en la sección Policial de BAE y Tiempo Argentino.

– La cuestión policial está en la agenda pública, mediática, de diversas maneras, sin embargo el libro va en contra del sentido común acerca de la inseguridad, planteando, entre otros ejes, el problema de la autonomía de la fuerza y la falta de control político. ¿Cómo se da hoy en día la relación entre los gobiernos y la policía federal?

– La relativa autonomía de las fuerzas de seguridad es un problema reconocido hoy en todo el mundo. Con respecto a la Federal y el resto de las instituciones policiales de la Argentina, este problema se mantiene, pero, yendo más al fondo de la cuestión, no se trata simplemente de la policía, sino también del puntero político, del intendente, de las cajas negras que alimentan a la política. En esta investigación encontramos un dato notable: de la recaudación ilegal de la policía solamente entre el 5 y el 10% quedan en las comisarías, mientras que el resto sube, hacia la jefatura, y de esta se distribuye hacia cajas políticas. Ni hablar del intendente, del puntero, que llaman al comisario y le dicen “tenes que poner acá también”. Ahí se encuentra la razón de la relativa autonomía policial que ha hecho que se sucedieran una y otra vez purgas, descabezamiento de cúpulas y demás, todo para que, en definitiva, el problema se reproduzca a sí mismo.

– Una autonomía que vos en el libro remarcas que le juega en contra al poder político, esto que la policía se autogobierne…

– Hay que preguntarle a Duhalde lo que le paso después del caso Cabezas y la implicancia de la policía Bonaerense en el mismo. El último intento de recuperar control sobre las fuerzas de seguridad fue de la ex ministra Garre. Esto es: descabeza la cúpula, pone otra, hace ascender a una franja de comisarios jóvenes y especula con que esos comisarios que ven acelerar su carrera van a ser leales a quien los promovió. Esto, sin embargo, nunca ocurrió, los policías son leales sobre todo a sí mismos y a la corporación a la que pertenecen. De modo que, si hablamos de la necesidad de control político de la policía, entra en debate cómo se distribuye y quién ejerce ese poder político. En mi opinión, estas policías no tienen solución, no tienen remedio ni posibilidad de recomposición, hay que pensar lisa y llanamente en su disolución y en la constitución de otro tipo de fuerza de seguridad sustentada en un poder popular. Mientras tanto, sería importante empezar a considerar que organizaciones populares, asambleas barriales, vecinales, sindicales, organismos de derechos humanos, entre otros, empezaran a meter mano en las comisarías para desarmar ese entretejido.

– Dentro del libro se encuentra un recorrido histórico sobre la relación de los distintos gobiernos con la policía. ¿Cuál fue el intento político que más a fondo se realizó para controlar a la Federal?

– Desde el 83 en adelante, el gobierno de Carlos Menem fue el más permisivo respecto de la policía Federal. Ha hecho concesiones innumerables, tolero casi todo. Sin embargo, aun durante ese gobierno, se produjeron descabezamientos, renovación de comisarios, cayeron las cúpulas de las comisarias, es decir, esa pugna, ese tironeo entre el poder político y la policía se mantuvo, a pesar de todo, presente. Quizás el intento más a fondo fue el de León Arslanián en la policía de Bs As. Elimino la figura de jefe de policía, puso al frente de la Bonaerense a un civil, la dividió en 4 grandes distritos, que reportaba cada uno directamente al civil a cargo, y este al ministerio. Una importante descentralización, que dicho sea de paso, fue el paquete de ideas que se operó con Nilda Garre. Igualmente, unos pocos meses después de aquella descentralización, de los 4 comisarios que quedaron al frente de los distritos, 3 estaban procesados, dos por corrupción, y uno por encubrir un homicidio.

– Recuperando un poco algunas ideas planteadas en el libro, en el mismo mencionas el debate que se da dentro del GBA y Capital Federal sobre la seguridad y la presencia policial, rescatando también el incremento que se dio en los últimos 5 años, en un 800% aproximadamente, del presupuesto destinado a la fuerza de seguridad, sea la policía, prefectura, etc. ¿Cómo caracterizas estos planteos y este dato?

– Es la demostración que más policía es más problema. Ha habido casos, por ahora minoritarios, pero importantes, como los de Villa Urquiza y Liniers, donde los vecinos se movilizaron la inseguridad y denuncian que el problema no está dado por la ausencia de la policía sino por su presencia, que protege el delito, libera zonas, custodia los prostíbulos, las redes de trata, el narcotráfico. Este problema del delito remite inmediatamente a la cuestión de la policía, pero también hay que tener en cuenta que hablar de la cuestión de la inseguridad, es hablar ante todo de la libertad. Esto es, me siento seguro, si me siento libre, si puedo manifestar mis ideas, organizarme alrededor de ellas. Y, de igual modo, me siento libre si me siento seguro, si puedo caminar por la calle sin temor a que me maten para robarme las zapatillas. Esta cuestión del delito, que sin duda esta fogueada por los medios de la oposición derechista, es, asimismo, una cuestión real, no una sensación. Robos ha habido siempre, sin embargo lo que ha cambiado y lo que se ha incrementado es el grado de violencia que ha tomado el delito.

– Y ahí entra en cuestión el tema de las drogas y el narcotráfico…

– Muchos vinculan esto con las drogas, y en buena parte debe ser así. Pero entonces hay que ir al fondo de la cuestión y apuntar a la policía, que inserta la droga en los barrios y protegen al narcotráfico. Aquí existe, asimismo, una particularidad: mientras que en el resto de los rubros delictivos el delincuente trabaja para la policía, en el caso del narcotráfico, la policía trabaja para el narcotraficante. Ahí es donde se debe apuntar. Y, yendo más a fondo, hay que considerar también al sistema financiero, a los bancos, que son quienes lavan el dinero del narcotráfico, del contrabando de armas, de la evasión impositiva y demás. La venta ilegal de drogas mueve unos dos billones de dólares al año. Esa masa de dinero técnicamente no puedo circular si no es en el sistema financiero, si no es dentro de los bancos. Una cantidad de plata que, además, es creadora de burbujas, ya que, en buena parte, se dirige, por ejemplo, a las hipotecas norteamericana, a los comodities, la Bolsa de Chicago, y han disparado hacia arriba artificial e internacionalmente el precio de los alimentos.

– Algo que va quedando a partir de esta nota es la completa desesperanza acerca de las fuerzas policiales, ¿consideras que existe la posibilidad real de un cambio total en el funcionamiento de la policía? Y además otra pregunta, ¿entendés que se mantienen dentro de la policía practicas o, mejor dicho, resabios de la dictadura militar de 1976?

– Sí, yo creo que persisten en alguna medida. De todos modos, prefiero ser un poco reacio a ese tipo de comparaciones. Igualmente sí permanece, desde antes, durante y después de la dictadura, ese viejo lema de los propios policías: “los gobiernos pasan, la policía queda”. Sobre si es momento para la desesperanza, yo creo que no, de ninguna manera. La sociedad avanza, cambia, y casi siempre cambia para bien. Después de todo hablábamos del sistema financiero, del sistema bancario, que aparentemente es mucho más poderoso que todas las fuerzas de seguridad juntas, y que sin embargo se derrumban, empiezan a caer. Hasta un gurú de ellos como Paul Krugman llego a proponer la estatización temporaria de los bancos de los EEUU.

– Algo impensado antes…

– Así es. Creo que estamos en una crisis política y social muy profunda internacionalmente, y comienza una respuesta creciente a ese estado de cosas. Entonces uno ve que tambalean cosas que era impensable que cayeran. No, en ese sentido no hay lugar para la desesperanza, sino para la organización, la lucha, para avanzar serenamente pero con toda firmeza.

– La creación de la Policía Metropolitana implicó algún deseo de algunos de empezar de cero. Sin embargo en tu libro das cuenta de que no fue así, de que aquellos que empezaron a dirigirla tenían un prontuario bastante importante, eran, por así decir, resacas de otras fuerzas. ¿Crees que allí se perdió una oportunidad importante para crear una fuerza policial distinta, o que, entendiendo su origen, no podía ser de otra forma?

– No, eso no podía ser otra cosa. Es una hija putativa de la federal, donde parte de lo peor de lo peor fue a parar a la cúpula de esa metropolitana. Es una vieja idea que la elaboraron en principio Néstor Kirchner y Aníbal Ibarra. La verdad es que esa fuerza no podía ser algo distinto a lo que ya conocemos. Forma parte, incluso, del viejo tironeo entre la Capital, el Gobierno Nacional, el traslado de la policía, presupuesto y todo ese tipo de cosas. Habrán llegado a algún precario tipo de acuerdo para que no hubiera en la Ciudad de Bs As una guerra urbana entre las bandas policiales…

– Por las pequeñas cajas, digamos…

Claro, algo de lo que hablamos al principio, razón muy importante a tener en cuenta al momento de pensar la relación entre las fuerzas de seguridad y los gobiernos.

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