Pueblo Q’om, una lucha hacia la libertad

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Por Alejandra Santiago

La lucha Q’om es una lucha por la identidad, por el reconocimiento de su cultura ancestral. Desde sus métodos de organización, hasta su vida económica, basada en el compartir, la cultura Q’om, y la de todos los pueblos indígenas se diferencian tajantemente de las lógicas de organización estatales.

Los Q’om se reconocen a sí mismos como preexistentes al Estado Nación. Eligen a sus líderes o Qarashé (líder de su pueblo) con métodos propios: es en asamblea, y esta incluye a ancianos y a jóvenes sin distinción de género. Por este motivo, Félix Díaz, quien en 2008 fue elegido representante, cuenta con el reconocimiento por parte de toda su comunidad de la primavera. Por otro lado, el Estado, con la creación de ONGs, e institutos que deben representar a los asuntos indígenas, busca legitimar figuras políticas que sirvan a sus intereses: “Compran a nuestros hermanos indígenas para avalar el despojo de la tierra. Nos crean asociaciones civiles que no están de acuerdo con nuestra cultura, con nuestra propia forma de ser”, declaró Díaz.

Cuando éste es elegido representante de la comunidad en asamblea, el gobierno de la Provincia de Formosa liderado por Gildo Insfrán lo invalida. Por medio de una elección paralela, nombra como presidente de la asociación civil de la comunidad ‘La Primavera’ a Cristino Sanabria, quien no sólo no apoya los reclamos de la comunidad, sino que los desmiente en una Audiencia Pública convocada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, en Diciembre del año 2011. De esta manera se intentaba silenciar la resistencia al despojo territorial sufrido, y que se había materializado durante el 2010, desde julio hasta el 23 de Noviembre, cuando se decide en asamblea realizar un corte de ruta. La policía provincial de Formosa reacciona con represión, y deja como saldo dos muertos y el incendio de las pertenencias y viviendas de los manifestantes.

Según el testimonio de Félix Díaz, en la comunidad ‘La Primavera’, ”en el año 2007 se ha expropiado una parte del territorio a través del organismo de Parques Nacionales que se ha otorgado como Area Protegida, a pesar de la sanción de la ley de emergencia 26.160, que prohíbe la expropiación de la tierras indígenas. En el año 2007, la provincia de Formosa le cede a la Universidad Nacional de Formosa para expropiar unas 2042 hectáreas del territorio Q’om”. Dentro del terreno expropiado por el Estado, se encuentra la Laguna Blanca, a la cual la comunidad ya no puede acceder libremente ya sea para la pesca, la caza o la simple circulación. Se viola el artículo 15 del convenio internacional 169 de la OIT al cual el Estado nacional argentino subscribe. El mismo obliga a consultar a los pueblos indígenas sobre los usos de sus tierras ancestrales antes de realizar cualquier operación en las mismas.

Las demandas por el territorio durante el 2011 llegaron a la Avenida 9 de Julio, en la Capital Federal. Allí se realizó un acampe que según denunció Nora Cortiñas, titular de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, agrupaciones afines al gobierno obligaron a los acampantes a retirarse, de manera violenta y sin dar espacio a que desarmen el campamento adecuadamente. En un comunicado posterior, se dijo que Félix Díaz se había retirado por su propia voluntad, cuando en verdad fue obligado a firmar una declaración con la promesa de que sus reclamos serían escuchados.

La lucha nunca frenó, continuó y continúa hasta hoy. Durante el 3 y 5 de Junio del 2013, se realizó una cumbre de Pueblos Originarios con el fin de otorgar apoyo al pueblo Q’om, víctima de asesinatos y de represiones estatales. Allí, los Q’om se definieron a si mismos como los guardianes de su territorio, y al finalizar, todos los participantes se dirigieron hacia la casa de la gobernación, en donde presentaron un petitorio a Insfrán. Posteriormente, durante todos los miércoles del mes de Julio, los Q’om realizaron un acampe en Plaza de Mayo, a la espera de una respuesta por parte de la Presidente de la Nación. La audiencia nunca les fue solicitada.

Mientras tanto, el Estado argentino impulsa un desarrollo apoyado en un modelo económico de tipo extractivo. La tierra es considerada una mercancías, elementos sujetos a negociación. No importa si la minería, la producción petrolera y el monocultivo de soja, perjudican la naturaleza causando daños ambientales irremediables.

En Formosa, la implementación de este modelo se materializa en la contaminación de las aguas, lo cual limita la libertad de la comunidad Q’om para extraer el recurso natural que veneran y cuidan desde el principio de su historia. La lucha de los pueblos indígenas no se apoya solamente en la denuncia por daños ambientales.

Ellos respetan la tierra, tienen una conexión con ella porque entienden al hombre como un producto de la tierra. Es un elemento clave en su búsqueda espiritual para alcanzar una armonía con la vida, lo que se refleja en su filosofía del buen vivir. Ya que las comunidades indígenas piensan su existencia de forma alternativa al mundo capitalista, desde su cosmovisión la tierra no es mercancía, no puede estar sujeta a comercializaciones. Por el contrario, para esta comunidad los bienes son comunes, y de este modo promueven la resistencia a las grandes empresas, en una lucha constante hacia la libertad.

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