“Nosotros buscamos fundar una pedagogía emancipadora, del oprimido, la cual aspira, a través de la palabra y la educación, transformar el mundo”

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Entrevista a Fernando Santana, referente del CEIP (Cooperativa de Educadores e Investigadores Populares) y profesor en el bachillerato popular del IMPA (Industrias Metalúrgicas y Plásticas de Argentina)

-¿Qué partes de la obra de Paulo Freire se retoman en la actualidad y qué elementos te parece que no se tienen en cuenta a lo largo de la historia de la educación en la Argentina?

– Lo primero que quiero aclarar es que todavía está lejos Freire de ser reconocido a nivel universitario como debería ser reconocido. Sigue siendo bastante periférico el abordaje de su obra, queda limitado en algún que otro seminario, o alguna que otra unidad de alguna materia, pero no llega a abordarse con profundidad. De hecho nosotros como organización solemos dar en la universidad talleres y seminarios de educación popular siguiendo la tradición de Paulo Freire. Más puntualmente, lo que nosotros retomamos de su trabajo es, básicamente, fundar una pedagogía emancipadora que apunte a la transformación social, la pedagogía del oprimido, la cual busca, a través de la palabra y la educación, transformar el mundo. Paradójicamente, este elemento más politizado de la obra de Freire sigue dejado de lado muchas veces. Hay muchas lecturas de sus obras que intentaron reducirlo a una serie de dinámicas de participación. Es así como los bachilleratos populares buscan retomar esa dimensión más política de Freire, pensando la posibilidad de elaborar una pedagogía para la menstruación, para la liberación.

El objetivo de los bachilleratos populares es la transformación social. ¿Cuáles son las posibilidades y los obstáculos que se presentan para lograr dicha transformación?

-Partimos de la idea de pensar a esta cuestión como un proceso, por lo cual los resultados no son inmediatos. Es un proceso de habilitar la voz, la palabra, democratizando la toma de decisiones, construyendo espacios asamblearios mensuales entre docentes y estudiantes en donde se definan desde las cuestiones más propias de cada espacio hasta lineamientos políticos más generales. Figuras de coordinación abiertas, en lugar de la antigua dirección, donde los estudiantes pueden entrar y participar todo el tiempo, así como también tener dos docentes en cada una de las materias, justamente para poder dar cuenta de la heterogeneidad del grupo y no negarla como muchas veces sucede. Esas son algunas prácticas concretas. Y en cuanto a las dificultades, se encuentran, por un lado, las propias resistencias de los estudiantes al principio, que se entienden al venir estos de otro proceso, de escuelas tradicionales, donde les han dicho que no podían y donde nos encontramos con estudiantes con altos índices de repitencia. Después, otras dificultades que hemos tenido tienen que ver con el reconocimiento a nivel estatal, que por lo pronto en la Ciudad esta subsanado, luego de largos ocho años de lucha, pero aún hoy quedan cuestiones pendientes como, por ejemplo, que los estudiantes puedan tener sus viandas, que el Estado se haga cargo del mantenimiento edilicio de los lugares, todas dificultades que, a pesar de no impedir el funcionamiento, son parte hoy de nuestra lucha.

Considerando la historia que tuvimos en Argentina de neoliberalismo, de dictaduras, y el proceso que vivimos hoy, bastante complejo pero diferente a lo que venía pasando con anterioridad, ¿Hubo en Argentina un auge de la educación popular en algún momento y un declive o siempre se mantuvo al margen?

-Hay toda una tradición Latinoamericana de los 70 de experiencias sobre educación popular que acá en Argentina se llevó adelante dentro de la dirección de adultos en el 73 con los programas Crear desde el Estado. Después, con la dictadura, se pierde todo lo rico de esas experiencias. Existió un auge de la educación popular a partir del 2001, donde aparecen las organizaciones sociales como un agente social importante en la escena política y empiezan a reclamar demandas insatisfechas que el Estado debe garantizar. Se concibe a los bachilleratos como escuelas públicas populares insertas en organizaciones sociales. En nuestro caso la CEIP es la organización que arma nuestro bachillerato pero que lo hace al interior de una organización social como es IMPA, la empresa recuperada por sus trabajadores en el 98, que a su vez formaba parte de lo que es el movimiento nacional de empresas recuperadas, es decir, la relación y articulación con otras organizaciones sociales es parte fundante del proyecto y no un algo que se suma después.

Paulo_Freire
Paulo Freire, educador brasileño y referente teórico de la Educación Popular.

¿Cómo podrías describir las diferencias que habría entre un docente que se mete en un bachillerato popular de aquel que forma parte de la educación tradicional?

-No necesariamente tiene que haber una disociación, yo soy docente de escuela tradicional también a parte de ser docente y coordinador del bachillerato popular, es decir son conciliables las cuestiones. La diferencia central tiene que ver con que muchas veces la escuela pública misma a perdido su sentido, entonces los actores que forman parte de la misma muchas veces se encuentran con la carencia de un proyecto institucional, político y pedagógico propio, por lo que cada uno hace la suya y se termina fragmentando esa cuestión. Ese es el punto a favor que tenemos en los bachilleratos populares. Todos los docentes que se incorporan lo hacen a un proyecto político y pedagógico, a una perspectiva de educación popular que tiene claro hacia dónde va, cuales son los sujetos con los que está trabajando. Pero no me gusta pensarlo en términos de dicotomía. Tenemos muchos docentes en los bachilleratos que tienen sus experiencias en las escuelas tradicionales.

Si no se intenta modificar los sistemas de formación docente, muchas veces vamos a estar tendiendo a reproducir la misma lógica. Hoy como organización social estamos en proceso de armar los primeros profesorados de educación popular para poder, de esta manera, formar nuestros propios docentes. La idea es empezar en Abril del año que viene.

-¿Cómo es el rol de los gremios docentes?

-Nosotros en CEIP partimos de la base de considerarnos trabajadores de la educación. En ese sentido estamos afiliados a UTE, y tenemos nuestras líneas de interacción dentro del sindicato, el cual ha acompañado, de forma diaria y gremial, un montón de nuestras medidas de lucha y reclamos. Nosotros nos sentimos y formamos parte de ese espacio gremial, entendiendo al gremio como una herramienta de la clase trabajadora.

-¿Qué visión tenes a futuro respecto al rol de los bachilleratos populares en el sistema educativo? ¿Consideras que depende de una gestión de Gobierno o es una fuerza que puede trascender eso?

-Los bachilleratos populares hoy conforman un movimiento pedagógico que nuclea a más de 70 instituciones. En 2004, cuando arrancamos con el primero que fue en el IMBA, estábamos lejos de pensar que en un periodo tan breve de 9 años íbamos a estar hablando hoy de 70 bachilleratos populares. En ese sentido el desafío y la perspectiva siempre es no conformarnos como islas o como experiencias aisladas al interior de la escuela estatal, sino con el poder transformar, de forma alternativa, este tipo de escuela que sigue dejando a fuera a los sectores populares, sujetos con los que hoy trabajamos. La perspectiva a largo plazo siempre fue poder transformar la educación desde adentro para que esta se vuelva una educación pública popular.

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