“Más del 70% de los muertos en el fútbol no son producto del enfrentamiento de las barras bravas, sino de la represión policial”

Foto: Pircas y Trincheras
Foto: Pircas y Trincheras

El doctor en Antropología José Garriga Zucal habló con Derrocando a Roca sobre la violencia en el Fútbol y la legitimidad con la que actúan los barras bravas. Como investigador del Instituto Gino Germani, pasó varios años junto a hinchadas de Huracán y Colegiales tanto en sus prácticas cotidianas como en los partidos de ambos equipos. Escribió “Haciendo amigos a las piñas”, y hoy afirma que los mismos ciudadanos somos los que permitimos la creación del escenario caótico en el que vivimos. Nos advierte que “cuando se hace mucho hincapié en las barras bravas, se están ocultando otras violencias”.

-Con frecuencia, escuchamos en los medios las mismas frases para referirse a los culpables de la violencia en el fútbol: “son unos pocos inadaptados”, “son los salvajes de siempre”, etc. ¿Cuál es tu opinión después de haber convivido con barrabravas?

-La verdad es que no me sorprende porque la lógica de los medios de comunicación y del periodismo funciona de esa manera. Nosotros, los cientistas sociales, somos los que tenemos que hacer un análisis que recorra otro camino. No hay que cuestionarle eso a los periodistas. Aunque podrían cambiar un poco; tienen a mano mucho material. De hecho, hay periodistas que han profundizado la visión sobre el tema y no quedaron estáticos en la frase “la culpa es de los barras”, como Ezequiel Fernandez Moores, Juan Pablo Varsky, por ejemplo.

-Muchas veces escuchamos decir que las barras bravas ya no son como las de antes. ¿Podrías situar “una especie de cambio” a nivel cronológico?

-Si, hay distintas etapas en el fútbol argentino vinculadas a la violencia. Siempre hubo violencia. Es un dato que no podemos obviar y que si lo ocultamos, caemos en un error de pensar “la violencia en el fútbol es un fenómeno nuevo”. También pensamos que la violencia futbolística es un invento argentino. Y no. Siempre hubo violentos y en todo el mundo, pero en los últimos años mostraron algunas particularidades que señalan un cambio. Hace 35 años que existen, con más organización y sistematicidad, los grupos organizados de hinchas: los barrabravas. En los últimos 10 años, hay dos elementos que han modificado aún más el escenario: el acceso a recursos y la legitimidad del uso de armas de fuego, que antes era ilegítima. Cambió una forma de socialización de las barras bravas. Cantar una canción sobre matar a un rival hace cuarenta años era casi imposible, era muy difícil. Si las comparamos con las canciones actuales del fútbol, las escuchamos ahora y parecen de una ingenuidad increíble. No estaba tan arraigada, existía la violencia pero no las formas de legitimidad que tiene ahora, y en todos nosotros. Para pensar las posibles soluciones de la violencia en el fútbol, tenemos que hacernos responsables de, que en alguna forma, todos somos responsables del fenómeno de la violencia. Si nosotros logramos por ejemplo, aplacar alguna de las formas de la violencia de las barras bravas, van a quedar un montón de otras formas. Hasta hoy en el fútbol en la Argentina, hay alrededor de 280 muertos: más del 70% de esos muertos no son producto del enfrentamiento de las barras bravas, son producto de las balas policiales y la represión policial. Tenemos otro actor que muchas veces invisibiliza, construye un demonio que son “las barras” y omite que este 70 % de las muertes está vinculado al accionar policial.

-¿Entonces qué rol juega la policía? Algunos dicen que van “entonados” o con ganas de pegar. ¿Son una barra con uniforme?

-Depende las situaciones, depende la policía. Hay un proceso de cambio. La policía tiene un contacto con los barras generalmente, tanto en la cancha como en el barrio. Hoy en día en la provincia de Buenos Aires el adicional pago para un policía es muy poco para ir a la cancha, a la mayor parte de los policías no les conviene. También hay incapacidad de la policía para manejar ciertos momentos, los policías no están preparados. En una situación de desborde, la policía actúa, pero lo hace por miedo. Lo que falta es una preparación especial para la policía, porque no tienen formación en espectáculos masivos, en manejo de masas.

-Acerca de soluciones a corto plazo, en el discurso mediático y político sobre barras bravas, es cotidiano escuchar que las medidas tomadas con las hinchadas en Inglaterra no serían aplicables en Argentina. ¿Qué diferencias hay entre las situaciones de ambos países?

-En primer lugar, hay una misión bastante idealizada de la solución inglesa.  No es tan perfecta como nosotros creemos. Han logrado aplacar muchísimo el fenómeno violento, lograron sacarlo de los estadios, entonces ha perdido visibilidad. Han trasladado la violencia a otros espacios, eso no significa que no exista. Pero sin duda, es muchísimo menor que hace treinta años. El proceso es lento y para que se de, hay particularidades en el fútbol inglés que son imposibles de replicar en el fútbol argentino: hubo una inversión en estadios que por acá no pasó. A nadie se le ocurre invertir en los estadios y vincular las condiciones edilicias con las medidas de seguridad. Los estadios del fútbol argentino, excepto algunos estadios de primera A, están en condiciones deplorables. Varios investigadores sociales presentamos propuestas para la prevención de la violencia y, entre ellas, una posibilidad de conseguir recursos para modificar cuestiones edilicias era a través de Fútbol para Todos. Esa gran fuente de dinero que va a los clubes y que éstos gastan en jugadores, podría invertirse en mejorar las condiciones de los estadios. Por otro lado, el fútbol inglés es un deporte donde predomina la lógica en sociedad anónima. Las instituciones argentinas son sociedades sin fines de lucro, donde las barras bravas son actores importantes del mundo de esos clubes. No a la hora de votar un dirigente, pero sí en la relación con ellos. En el fútbol inglés, un “hooligan” nunca va a tener una relación con el presidente del Manchester United que es un multimillonario. En cambio, el jefe de la barra brava de San Lorenzo conoce a todos sus dirigentes, y los dirigentes saben que tienen que relacionarse, por que ellos todavía tienen una dimensión de poder dentro de la vida institucional. Yo he trabajado con dirigentes que no querían tener relación con las barras, pero estaban obligados por su importancia en el club.

-¿Cuál es entonces el vínculo entre los barra bravas y la política? Por ejemplo, la presencia de Macri en Boca y el uso de barras bravas como grupos de choque.

-Es un tema que ha sido central en el mundo del fútbol pero creo que ha cambiado. En varios momentos, ambos se necesitaban. Por ejemplo, las barras podían servir de seguridad en actos o marchas políticos. Tenían algo para ofrecer que era ese capital “aguante”. Esos haberes violentos, que se podían transformar en servicios, establecían los vínculos. En los últimos años, hay una profesionalización de todo ese mundo de la política que hace cada vez menos necesario esa relación. Hoy día, para hacer una pintada ya no se necesita tener seguridad. Los políticos contratan servicios, ya no son militantes que necesitan la seguridad de alguien que va “enfierrado” por si viene otro grupo a pintarle la pared y se pelean. Para la seguridad en los actos políticos, ya no tienen un barra brava sino un patovica con saberes de artes marcial y no de combate, “de aguante”. Se fue modificando esa relación, pero no totalmente. Los barras bravas tienen muchos vínculos y pueden servirles a los dirigentes políticos. Por ejemplo, si los políticos tienen intención de contactarse con los vecinos de Zabaleta, si vos conoces un barra de Huracán y llegas a través de eso, es muy posible que puedas ingresar. Si vos vas sólo, te va a costar mucho. Siguen habiendo algunas posibilidades de generar esos vínculos y los barras son muy inteligentes en armar esas relaciones porque saben que pueden capitalizarlas, ya sea materialmente o con recursos a futuros. Arman redes de intercambio.

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-¿Cómo ves a Cantero, presidente de Independiente, que apareció como una especie de figura contra las barras?

-Para mí, hizo una quijoteada. No pudo hacer nada porque no estuvo acompañado, y porque él mismo fue preso de su propio discurso, de las mismas ambigüedades del mundo del fútbol. Con fundamentos, atacó a “Bebote” Álvarez (líder de la barra en la gestión de Comparada) y criticó a Cubero por su falta de masculinidad. Y en eso reprodujo la lógica de la masculinidad de la barra brava, entonces es parte de la misma lógica del mundo del fútbol. Todos deberíamos ser conscientes para ver si se puede cambiar esto.

-En el discurso de la hinchada esta esa cuestión de la homosexualidad activa.

-Activa. Es un punto interesante por que el otro siempre es un “puto” que va a ser penetrado por un “nosotros”, entonces ambos somos homosexuales. Se necesitan dos. Si bien son “putos” los dos, “puto” es el que recibe y no el que da. Y eso lo que marca es la lógica de la dominación dentro del mundo del fútbol, de avasallamiento del otro. Eso se conoce desde 1910, desde que se popularizó, aunque se ha radicalizado cada vez más.

Por otra parte, esas particularidades son comunes dentro del mundo del fútbol entre los espectadores y los jugadores. Ahora que los periodistas y dirigentes tengan esos elementos es algo verdaderamente nuevo. Si nosotros rastreamos las formas utilizadas en las actas de las instituciones y de la AFA, se habla con una corrección del público, como un lugar donde deberían aparecer valores que hablen de la nobleza de la sociedad. Pero hoy en día, hay un populismo del periodismo que busca ser casi un hincha que no pretende diferenciarse con el espectador.

-¿Que rol juegan los famosos cantitos de la hinchada?

-Como buena parte de lo cotidiano del fútbol, tiene dos dimensiones. Si yo voy a la cancha y canto una canción sobre matar a alguien, no lo voy a hacer; y el que lo va a matar, no lo mata porque yo cante eso. Pero sí construyó un escenario donde eso sea legítimo. Cuando vos vas al cine o al teatro y no te gustó la obra, no lo matás al actor. Se construye con diversas canciones cierto escenario donde puede ser posible.

Por otra parte, hay otras canciones que son sumamente discriminatorias con grados de barbaridades. Por ejemplo, la hinchada de Chacarita a la de Atlanta cantándole casi irreproducibles frases acerca de la comunidad judía y el genocidio.

-Una de las cuestiones comunes cuando se habla de la violencia en el fútbol es atribuírsela a los “negros de la tribuna”. Pero cuando jugaron Boca contra Independiente en la Copa Sudamericana, era “increíble que un tipo de guita de un palco le tirara un cartel a un jugador”. Obviamente mucho de los barras son de tener un muy buen pasar económico.

-Muy buena apreciación. Es uno de los mayores errores para pensar la violencia en el fútbol, reducir la violencia del fútbol a las barras bravas. Otro punto, es pensar que hay una relación directa entre violencia y pobreza. Violencia y exclusión social. La verdad en el caso del fútbol es una pavada extrema. ¿Por qué es una pavada? La composición social de las barras bravas es muchísimo más heterogénea de lo que nosotros creemos. De todas las barras bravas, no solamente de la de River por ejemplo, los jefes eran y son de clase media y media alta. En la de Huracán, hay clase media junto con la gente de Zabaleta; todos mezclados y pertenecen a la lógica de la hinchada. Y eso se da en todas las barras, hay pocas excepciones como la de Laferrere, que tiene una composición más clara de sectores populares. Ni todos los violentos son pobres, ni todos los pobres son violentos. Esa idea debería ser central para darse cuenta del error mayúsculo que se hace al relacionar violencia y pobreza. Porque aparte lo que se hace es, no solamente reforzar un estigma que no tiene ningún sentido, sino que se oculta esa forma de violencia. Para presentar un escenario más complejo, en el mundo del fútbol, ese estigma es retomado como positivo y se lo intenta legitimar. La mayor parte de las barras bravas quieren ser representadas como “aguantadores”, entonces intentan mostrarse “lo más popular “posible que se pueda. Sin embargo, hay un montón de hinchadas que les cuesta establecer esa relación. Las de Excursionistas o de Defensores de Belgrano que están ubicadas en Belgrano, un barrio bastante pudiente, querían establecer esa relación pero tenían que encontrar argumentos bastante sofisticados para poder vincularse con los sectores populares.

-Hay una frase tuya que sintetiza el tema: “No nos debería sorprender la violencia en el fútbol, sino que nos debería sorprender que no haya tanta violencia en el fútbol”. ¿Cómo ves a futuro este fenómeno social?

-Retomando un poco la frase, en nuestra sociedad el conflicto es la base central de las relaciones sociales. Siempre lo hay y está bien que lo haya. Muchos de esos conflictos se espiralizan de una forma y termina en violencia. El mundo del fútbol es parte de eso, y es un milagro de que haya poca violencia (muchos muertos, pero poca violencia). Y mi mirada es sumamente pesimista porque no hay un proyecto a largo plazo que intente trabajar sobre las raíces culturales del fenómeno violento. No hay un intento de cambiar esa lógica del aguante que esta incorporada en las barras, pero también en los espectadores. Es cierto que algunas emergencias de la cultura del aguante están vinculadas a la topadora que devastó el mundo social en la década de los noventa. Eso va a tener efectos que recién están emergiendo. Ciertas formas de violencias domésticas o adictivas que aparecen ahora son el resultado de la desestructuración del mundo del trabajo, del mundo de la familia y de la educación en los noventa y los ochenta. No ha comenzado el cambio real aún, mi visión es particularmente pesimista.

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