“Calica” Ferrer: “El Che es uno de los partícipes del actual proceso democrático de Latinoamérica”

Foto: repercusiónalternativa
Foto: repercusión alternativa

Carlos “Calica” Ferrer, amigo de la infancia del “Che” Guevara y escritor del libro “De Ernesto al Che”, fue el entrevistado que cerró la primera temporada radial de Derrocando a Roca. Recordó las anécdotas del viaje por Latinoamérica que juntos realizaron en 1953, los deseos y objetivos del “Ernesto, estudiante de Medicina”, qué factores lo llevaron a la militancia y cómo es que llegó a convertirse en el “Che, revolucionario”.


-Calica fuiste compañero del segundo viaje por Latinoamérica del Che, que comenzaron en 1953, ¿Cómo influyó el carisma de ustedes dos a la hora de buscar oportunidades de viajar? ¿Se complementaban o eran muy diferentes?

-Nosotros eramos muy amigos desde chicos. Lo conocí a Ernesto cuando tenía cuatro años, él, tres. Ibamos a fiestas juntos, nuestras familias se hicieron amigas. De manera que cuando salimos de viaje, yo lo conocía muy bien. No era un experimento con un tipo extraño. Ya sabíamos en qué podíamos discutir, pelear, que no iba a “cambiar el sistema”,sino que era una forma de intercambio de ideas.

¿Te acordas de alguna anécdota particular del “joven Che”?

-Cuando él llega del viaje con Alberto Granado (rememorado en la película Diarios de motocicleta), aún no se había recibido de médico, y entonces me dice: “Bueno Calica, preparate que dentro de un año nos vamos”.

Le conteste: “¿Vos crees que vas a dar trece materias en un año?”.

Empezó a rendirlas con mi hermano que hacía la misma carrera. Cuando terminó, vino y me dijo algo que se encuentra en un libro llamado “El rosarino”, que trata de capítulos de personas que estuvieron al lado del Che, y el mío se llama “Acá tenés, pelotudo”. Eso fue lo que me dijo después que yo no le había creído. Y se recibió.

-¿Cuál fue la primer parada difícil del viaje que emprendieron y que luego lo lleva al Che a Guatemala, y más tarde a Cuba?

-El primer inconveniente fue en Villa Son, del lado argentino es La Quiaca y del otro lado es Villa Son. Acababan de descubrir dos placas: una en la estación de trenes y otra en el puente que une las dos ciudades. Ahí, Ernesto tuvo un ataque de asma terrible. Yo lo había visto con asma muchas veces, pero nunca de esa forma. Pensé que se moría. Para colmo, cuando habíamos salido, Celia ( la madre del Che) me había llamado aparte y me dijo “Cuidamelo mucho a Ernestito”; y pensé “mirá a quién tengo que cuidar yo”. Entonces cuando le da ese ataque, le preguntaba “¡¿Decime qué tengo que hacer?!”, y yo lo retaba “¡Qué le digo a tu vieja si te me morís así!” (risas). Ese fue el primer mayor inconveniente del viaje. Hubo pocos, es decir, hubo inconvenientes de poca plata, poca comida, pocos lugares donde bañarse. Pero a esa edad se aguanta cualquier cosa.

-La figura de Perón era protagonista en Argentina en esa época. ¿Fue cambiando la visión sobre el peronismo o la mantuvieron a lo largo del viaje y del correr del tiempo?

-Nosotros, cuando salimos de acá, éramos antiperonistas porque nuestros padres lo eran. Ellos habían ido a la universidad y Perón no tenía llegada a las universidades. Había una equivocada influencia del fachismo sobre Perón, porque este había estado mucho tiempo en Italia. Esa era nuestra posición. Pero en la medida en que empezamos a salir de acá, de la pampa húmeda a regiones pobres, era notable

cómo la gente hablaba bien de él. Más lo hacían los que estaban fuera del país: el supuesto orgullo que teníamos que tener porque nuestro presidente sea opuesto a los norteamericanos, a Braden. Fue en ese momento que empezamos a notar que nuestra influencia era familiar. Yo había estado en política universitaria, Granado también. Ernesto no se había metido. Sucedía que donde había algún drama geográfico o accidentes, ayudaba la fundación Evita. A medida que avanzamos nuestra opinión sobre el Peronismo fue cambiando. Hay una carta famosa que escribe Perón al poco tiempo que asesinan a Ernesto, diciendo “Hoy ha muerto un revolucionario, tal vez el más valiente de todos”; lo pondera mucho en ese escrito. También está en duda, aunque yo no la tengo. Ernesto había estado con él antes de irse a Bolivia. Debe haber tenido un asesoramiento de Perón y éste debe haberle informado sobre la capacidad de nuestro ejército.

-Decías que vos y Granado militaban en la universidad, entonces ¿cómo era el Che en la universidad: se dedicaba a su carrera o tenía otras inquietudes?

-Siempre tenía inquietudes. Mientras Ernesto estudió, recorrió con bicicleta con motor todo el norte argentino, viajó cuatro veces como enfermero en la Flota Mercante Argentina, viajó al sur y a Centro América, trabajó en una dependencia nacional.Era un tipo muy activo. Creo que estudiaba cuando tenía tiempo. Le sobraba capacidad. Intentó con un amigo en común, Carlitos Figueroa, empresas locas para almacenar DDT y vendérselo a los porteros para ganarse unos mangos. Funcionó hasta que se intoxicaron los dos de tanto tocar el DDT. Hay un cuento muy gracioso que dice que Carlitos le dice que compren una partida de zapatos que están muy baratos para revenderlos. Quedaron dos que no eran iguales, y ¿quién lo podría haber usado? Ernesto, al que no le importaba nada. Y la plata de Carlitos se la patinó en el hipódromo ¡Por media cabeza no se hicieron ricos! (risas).

Calica en su visita a Derrocando
Calica en su visita a Derrocando

– Se ha rescatado a la figura del Che lector, el Che escritor. ¿En el viaje era de leer apartado? ¿ Qúe autores prefería?

-El Che escribía. Hay un libro de nuestro viaje que se llama “Otra vez”; él cuenta una cosa que es cierta. Yo me había dejado la barba y Ernesto me decía “como te envidio la barba, por que a mi no me crece”, mirá vos las vueltas que da la vida. Y cuenta que los chicos en esos pueblos, donde íbamos barbudos, creían que éramos de un circo. Entonces se remolinaban alrededor nuestro y nos pedían entradas para ese “circo”.

En fin, leía mucho, escribía mucho. Hay que decir que cuando nosotros salimos de Bolivia, que fue un impacto en la vida de Ernesto con respecto a su formación política, pasamos de la revolución de la MNR. Cuando llegamos a Perú, nos sacaron todos los libros que traíamos. Ya había una dictadura feroz. Entre el norte o la frontera boliviana y la frontera peruana es lo mismo, es una línea imaginaria. De los dos lados, hay familias. Los tipos se cuidaban enormemente de que no pasara literatura del otro lado. Ernesto leía mucho Marx, literatura Norteamérica del sur, Las Brujas de Salem. Era un lector perdido: lo que veía, lo leía.

– Pensándolo ya al Che como revolucionario, ¿Qué recuerdo tiene de la revolución cubana de 1959?

-El triunfo de Fidel fue un acontecimiento que tal vez en ese momento no tuvo una trascendencia merecida. Pero hoy en día, sí tiene una trascendencia en la historia contemporánea de Latinoamérica importantísima. Ahora tenemos al UNASUR, hay proyectos de tener un banco latinoamericano. Se acabó aquella historia que nos hacían creer: que nuestros países eran nuestros enemigos. Hay un ambiente de progreso fantástico: relaciones con Uruguay, Brasil, Bolivia. He tenido la oportunidad de conocerlo a Evo y hemos hablado de esto. Él es un admirador del Che. Me dijo que cuando asumió el mando, en el discurso de asunción lo nombró dos veces. Entonces aproveché, y le dije que el Che murió en la batalla de Yudo, pero que ganó la guerra el día que él asumió como presidente.

-¿Consideras que la figura del Che aún no cobró la relevancia que en verdad tiene?

-Si, es cierto. Yo creo que al Che se lo ninguneo muchísimo. Pensando que nosotros tuvimos un proceso terrible, treinta mil desaparecidos, bombardeos a la plaza de Mayo, fusilamientos, hemos vivido más con botas que con votos; y donde Ernesto era considerado un delincuente subversivo. Aunque siempre hubo gente a la que no le llegaba esa propaganda, que conocía, que leía y lo tenia como un héroe, como lo tengo yo. Una vez que empiezan a disiparse las brumas de este proceso, se lo va conociendo más y apreciando, en la medida que los que podemos hablar, contemos realmente las verdades. Quién puede negar que el Che es partícipe de todo este proceso democrático de Latinoamérica que empieza con la revolución cubana. Una de las patas de esa revolución fue Ernesto. Incluso, como profesional, nos brindó el sistema operación milagro: médicos cubanos que hacen tareas en la educación. Apenas empezó su campaña, Ernesto estaba rodeado de muchachos que eran totalmente analfabetos. Ernesto restaba tiempo de descanso para enseñarles a leer y a escribir, así que la mano del Che está en todo eso.

– Nosotros apoyamos la causa de desmonumentar a Roca, de hecho nuestro programa lo deja muy explícito “Derrocando a Roca”. También el Che es una figura que va emergiendo en contraposición a esta ideología: va teniendo nombres de plazas, de escuelas. Me imagino en los ’70-‘80, durante la dictadura militar, la figura del Che completamente prohibida ¿Cómo vivió eso personalmente?

-Primero, con mucho peligro. Después, con una gran desazón, pensando que no tenía solución. Por eso yo creo que este movimiento libertario de América es, para mí, un milagro. Yo pensé que no lo iba a ver nunca. Veía las elecciones ganadas por Frondizi, Illia, pero no pasaba nada. Terminábamos siempre en las botas. Ya no teníamos destino, terminaríamos como África, cada vez más divididos. Pero este milagro tampoco es por que sí, hay mucha gente que ha luchado, hay mucha vida, mucha sangre, sudor, sacrificio que han hecho posible que esto ocurra.

-Te voy a pedir que pienses en tres palabras que reflejan al Che de la mejor manera.

-Honestidad, coherencia y firmeza de carácter. Coherencia entre lo que decía y hacía. Creo que tampoco la parte aventurera y de las anécdotas debe tapar este personaje que es muy importante, no solamente como combatiente sino como un hombre que desempeñó cargos muy importantes en Cuba: fue presidente del Banco Central, ministro, embajador itinerante de la revolución Rusa por los distintos países del tercer mundo. Durante la guerra tuvo algo que, ojala la izquierda lo interprete algún día: cuando el Che llega a los alrededores de Santa Clara había tres o cuatro movimientos guerrilleros que no estaban de acuerdo, que en cualquier momento luchaban entre ellos. Sin embargo, Ernesto cumplió la misión, los unió y triunfó la revolución cubana.

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